¿Qué encuentras en la lectio divina?

Yo conozco otras formas de lectura de la Biblia en la Iglesia. Soy religiosa y llevo años en colegios, en la pastoral de jóvenes. Hace tiempo que el Señor me sorprendió en unos ejercicios espirituales con la lectio divina como camino de oración personal. Insisto en lo de oración personal, porque es algo central para vivir en fe y transmitirla. Para vivir fiándose de Dios hay que cuidarse. La lectio se parece a la gimnasia o cualquier otro tratamiento de salud corporal. La oración es como la asignatura pendiente de mucha gente. Lo he vivido, lo sé por experiencia. Yo he encontrado en la lectio mi camino de intimidad y oración personal. Me mantiene en forma y abierta al Señor. H. Rosa T.

A mí lo que más me gusta de la lectio divina es cuando la lectura me deja sin palabras y sin más ganas que estar en silencio en la presencia del Señor. He sufrido mucho en la vida con cuatro hijos y mi marido con problemas de nervios. He trabajado por tres y me han pasado muchas cosas. Parece que los salmos se han escrito para mí. Me lo dicen todo. Hay días que me paso todo el tiempo con tres o  cuatro líneas y ya me sobra. Mi corazón se enciende y ni acabo las lecturas. Para mí la lectio es un momento emocionante. Encuentro mucha paz y consuelo en la lectura de la Biblia. Me enseñó un pariente que lo aprendió en la cárcel. Tengo los salmos llenos de notas, señales y apuntes de lo que hacen en mi corazón. Para mí la Biblia es el tesoro escondido y el Señor “el hombre más hermoso de los hombres”. Gracias por llamar. Asun P.

En la lectura de la Palabra de Dios, según los pasos de la lectio divina, voy aprendiendo a reconocerme como hijo de Dios. Es algo de cada día. Es otra forma de ver la realidad y como somos de verdad cada uno. Dedico sobre una hora al final de la jornada. El Espíritu Santo me guía y me va enseñando a vivir en las manos de Dios. Mi vida se va enterando, y sobre todo, la gente que me rodea. El Señor es bueno conmigo. Juan O. 

Mi problema principal es el tiempo. Tengo un comercio de alimentación que me ocupa muchas horas y no dispongo de todo el tiempo que quisiera. Me aficioné a leer el Evangelio del día, despacio y en oración, en casa de unos vecinos que me invitaron alguna vez. Fue hace muchos años. Perdimos el contacto, pero aquello se me quedó dentro. Un día me regalaron esta revista en la parroquia y llevo tres años recibiéndola y queriendo seguir sus ejercicios. Para mí, el secreto está en pedir ayuda al Espíritu Santo al principio y leer muy despacio para que las palabras suenen en el corazón. Muchas veces me emociona la vida de Jesús y lo siento muy cerca. Mario P.

 

 

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¡Su Palabra toca el corazón, cambia los corazones!

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!:

Continuamos las catequesis sobre la misa. ¿La escucha de las lecturas bíblicas, prolongadas y glosadas en la homilía, a qué responden? Responden a un derecho: el derecho del pueblo de Dios a recibir con abundancia el tesoro de la Palabra de Dios. Cada uno de nosotros cuando va a misa tiene derecho de recibir la Palabra de Dios bien leída, bien proclamada y después bien explicada en la homilía ¡es un derecho!

Y cuando la Palabra de Dios no ha sido bien leída, no ha sido predicada con fervor por parte del diácono, del sacerdote o del obispo, se está faltando a un derecho de los fieles. Nosotros tenemos derecho a escuchar la Palabra de Dios. El Señor habla para todos, pastores y fieles. De este modo, Él toca el corazón de cuantos participan en la misa, cada uno en sus condiciones de vida, edad, situación. El Señor consuela, llama, suscita brotes de vida nueva y reconciliada. ¡Su Palabra toca el corazón, cambia los corazones!

Papa Francisco. Catequesis del miércoles  14.02.2018

 

Día de san Jerónimo

De las catequesis de los miércoles de Benedicto XVI, las del 7 y 14 de noviembre de 2007, fueron dedicadas a san Jerónimo:

“Hoy centraremos nuestra atención en san Jerónimo, un Padre de la Iglesia que puso la Biblia en el centro de su vida: la tradujo al latín, la comentó en sus obras, y sobre todo se esforzó por vivirla concretamente en su larga existencia terrena, a pesar del conocido carácter difícil y fogoso que le dio la naturaleza”.

“En realidad, dialogar con Dios, con su Palabra, es en cierto sentido presencia del cielo, es decir, presencia de Dios. Acercarse a los textos bíblicos, sobre todo al Nuevo Testamento, es esencial para el creyente, pues “ignorar la Escritura es ignorar a Cristo”. Es suya esta famosa frase, citada por el concilio Vaticano II en la constitución Dei Verbum (n. 25).

Verdaderamente “enamorado” de la Palabra de Dios, se preguntaba: “¿Cómo es posible vivir sin la ciencia de las Escrituras, a través de las cuales se aprende a conocer a Cristo mismo, que es la vida de los creyentes?” (Ep. 30, 7). Así, la Biblia, instrumento “con el que cada día Dios habla a los fieles” (Ep. 133, 13), se convierte en estímulo y manantial de la vida cristiana para todas las situaciones y para todas las personas”.

“Leer la Escritura es conversar con Dios: “Si oras —escribe a una joven noble de Roma— hablas con el Esposo; si lees, es él quien te habla” (Ep. 22, 25). El estudio y la meditación de la Escritura hacen sabio y sereno al hombre (cf. In Eph., prólogo). Ciertamente, para penetrar de una manera cada vez más profunda en la palabra de Dios hace falta una aplicación constante y progresiva. Por eso, san Jerónimo recomendaba al sacerdote Nepociano: “Lee con mucha frecuencia las divinas Escrituras; más aún, que el Libro santo no se caiga nunca de tus manos. Aprende en él lo que tienes que enseñar” (Ep. 52)”.

“Sobre todo, puso en el centro de su vida y de su actividad la palabra de Dios, que indica al hombre las sendas de la vida, y le revela los secretos de la santidad. Por todo esto no podemos menos de sentirnos profundamente agradecidos a san Jerónimo, precisamente en nuestro tiempo”.

La Palabra engendradora de vida

Paz y Bien:

La Palabra de Dios escuchada, reflexionada, paladeada, saboreada, compartida: alimenta, llena de vigor y   va configurando la vida, robustece la fe, y como bien decía un gran místico y amigo sacerdote: los lazos de la fe llegan a ser más fuertes que los de la sangre.

Es la experiencia de compartir con   un grupo de mujeres y hombres, hace ya casi 50 años,  que  cada semana (sin tiempo de vacaciones) nos encontramos para leer, reflexionar, y comentar  las lecturas de la misa  del domingo. Durante muchísimos años nos acompañó el Sr. Oléo, un hombre de una gran talla humana, intelectual, y espiritual poco común, que de alguna manera  fue el mediador del que Dios se sirvió para ir  configurando nuestra espiritualidad ayudándonos a crecer para vivir en libertad y responsabilidad nuestro ser de creyentes en Jesucristo.

Al largo de tantos años hemos experimentado cambios importantes en la sociedad y en la iglesia, tiempos de grandes ilusiones, después del Concilio Vaticano II, tiempos de regresión, tiempos de indiferencia a todo lo que huele a religión… tiempo también de búsqueda de lo verdadero, de autenticidad. Este pequeño grupo, abierto a quien quiera incorporarse para compartir este suculento manjar de la Palabra siempre nuevo, sorprendente, inquietante, renovador. la Palabra de Dios no deja indiferente, la Palabra gustada, saboreada, amada… crea lazos muy profundos de amistad, de auténtica fraternidad, lo bonito es que cada persona sigue su propia vocación hay genta casada, otras han ido a misiones,  se han comprometidos en temas sociales, políticos, otras nos decidimos por la vida religiosa…

El Espíritu del Señor es quien  conduce nuestras vidas y cada semana nos convoca a este encuentro para hablar de la vida, escuchar la Palabra, compartirla, y en algunas ocasiones también compartir mesa y mantel, sonrisa, alegrías, preocupaciones… y es que,  cuando la Buena Noticia del Dios de Jesús penetra en una persona o en un grupo humano, allí empieza a crecer alguna cosa que nos desborda, transforma, humaniza.

Esta es  en síntesis la bella y apasionante experiencia de un grupo de personas que nos sentimos atrapadas por el Amor, sabedoras que es la fuerza de Jesús la que nos hace vivir nuestra fe con humildad y sin complejos.

 Carme Mesquida Pons. Osc  Monasterio Santa Clara. Ciutadella de Menorca. I Baleares

 

Leer orando y creyendo

Leer orando y creyendo

 Es leer en un clima de oración: estar tranquilo, pararte un rato y dedicarte solo a lo que vas a hacer. Es importante el ambiente, el lugar, el tiempo que dedicas a la oración. Los detalles y signos que te ayuden a la intimidad, el recogimiento y la concentración son buenos para acercarte al terreno de la Palabra.

Es leer despacio: es como deletrear, paladear, decir despacio las palabras para que entren a formar parte de uno mismo. No te conformes con la primera lectura. Cuando lees el texto varias veces, cada una es más intensa y profunda; así entras mejor en lo que quiere decir. Los espacios entre puntos y palabras te invitan a hacer pausas de silencio.

 Es leer con atención: Fijarse bien en las palabras escritas del texto. En lo que quiere decir el autor sagrado, en el mensaje del texto, en los contextos. Hay quien subraya y destaca las palabras claves,  las que no comprende bien, las que más le impactan…  Hay quien se trabaja el texto leyendo las notas y comentarios. Hay quien besa lo que lee.

Es leer dejando hablar a Dios: Algo así como hacer silencio para dejar hablar, para darle tiempo y espacio al otro. Es escuchar lo que te llega, darle cabida en tu interior, estar con quien está contigo, acoger lo que te dan. Es mirar a quien te mira y salir de tus seguridades, tus planes y tus medidas. Es contar con la vida que el Espíritu de Jesús va construyendo en tu vida.

Es leer orando: Leer más que diciendo palabras y rezar oraciones. Es quedarte sin palabras y  expresar tus sentimientos al amor de quien te habla. Es contemplar que Dios te habla en Jesús y te hace más humano el corazón. Es responder desde tus pobrezas a la voluntad de Dios que enciende tu corazón con la vida de Jesús.

Es leer iluminando la vida: Es decir, confrontando lo que lees con lo que pasa en tu familia, en el trabajo, a la gente con las que vives, y en todo lo que pasa en tu corazón. El Espíritu Santo te trabaja encajándote en el cuerpo de Cristo, en la Iglesia, a través de las personas. En la vida nueva de Jesús, su Palabra funciona como mapa del camino.

 

¿Qué encuentras en la lectio divina?

 

“Ya hace años que conocí la lectio en un retiro en mi parroquia. Era un misionero boliviano quien nos hizo mucho bien y empezamos varios grupos. Su mensaje era que, además de en grupo, había que hacerlo personalmente todos los días que se pudiera. Ahí empezó todo. Después, mi mujer trajo a casa “Según tu Palabra” y nos guía y acompaña. Para mí, la lectio es un faro de luz y de amistad, porque me hace más amigo de Jesús. No es cuestión de teología, sino de trato, de roce y de amistad. Jesús me comprende en la oración y esto me da mucha fuerza para tirar adelante cada día. Cuando podemos orar juntos, Carmen y yo, es una delicia. Tenemos un hijo de veinte años con síndrome Dowm, y es una presencia real del Señor entre nosotros. Se llama Carlos y es un catedrático de ternura y humildad de corazón en nuestra familia. Damos gracias a Dios por su Palabra y a vosotros por vuestra ayuda”.  Jose y Carmen.

 

“Para mí los pasos de la lectio son como el andador que ayuda a los niños pequeños a caminar. Un soporte de atención y una especie de mapa para el camino de unión con el Señor en su Palabra de vida. Leer, queriendo seguir unos pasos, tiempos y actitudes, me sirve mucho. Soy muy dispersa, me distraigo con cualquier cosa, pero la lectio centra y disciplina mi atención muchos días para la escucha del Señor. Es un regalo. Para mí es un don del cielo. Es una escuela de sabiduría  del Espíritu Santo, el divino maestro. Voy a mandar un escrito con mi testimonio. Gracias por vuestra labor”. Lola M.

 

“Me encontré con la lectio divina en un grupo que animan las monjas de una residencia de mi pueblo. Durante años estuve yendo cada jueves hasta que falleció mi esposa. Era un tiempo especial aquella lectura en grupo. No eran charlas. Compartíamos muchas cosas de la vida que iban saliendo en el Evangelio de cada domingo. La Palabra hace grupo. Ahora, viudo, estoy como residente y ayudo todo lo que puedo, para que la Palabra siga dando luz y sentido cada jueves a nuestra vida de mayores”. Pedro U.

 

NOTA: Estos testimonios se escriben con apuntes de llamadas telefónicas que hacemos a suscriptores y amigos de la lectio divina. Seleccionamos las respuestas más directas, vivenciales y espontáneas. Invitamos a participar. Compartir experiencias, nos enseña mucho a todos…

Revista Según tu Palabra