¿Qué encuentras en la lectio divina?

 

“Ya hace años que conocí la lectio en un retiro en mi parroquia. Era un misionero boliviano quien nos hizo mucho bien y empezamos varios grupos. Su mensaje era que, además de en grupo, había que hacerlo personalmente todos los días que se pudiera. Ahí empezó todo. Después, mi mujer trajo a casa “Según tu Palabra” y nos guía y acompaña. Para mí, la lectio es un faro de luz y de amistad, porque me hace más amigo de Jesús. No es cuestión de teología, sino de trato, de roce y de amistad. Jesús me comprende en la oración y esto me da mucha fuerza para tirar adelante cada día. Cuando podemos orar juntos, Carmen y yo, es una delicia. Tenemos un hijo de veinte años con síndrome Dowm, y es una presencia real del Señor entre nosotros. Se llama Carlos y es un catedrático de ternura y humildad de corazón en nuestra familia. Damos gracias a Dios por su Palabra y a vosotros por vuestra ayuda”.  Jose y Carmen.

 

“Para mí los pasos de la lectio son como el andador que ayuda a los niños pequeños a caminar. Un soporte de atención y una especie de mapa para el camino de unión con el Señor en su Palabra de vida. Leer, queriendo seguir unos pasos, tiempos y actitudes, me sirve mucho. Soy muy dispersa, me distraigo con cualquier cosa, pero la lectio centra y disciplina mi atención muchos días para la escucha del Señor. Es un regalo. Para mí es un don del cielo. Es una escuela de sabiduría  del Espíritu Santo, el divino maestro. Voy a mandar un escrito con mi testimonio. Gracias por vuestra labor”. Lola M.

 

“Me encontré con la lectio divina en un grupo que animan las monjas de una residencia de mi pueblo. Durante años estuve yendo cada jueves hasta que falleció mi esposa. Era un tiempo especial aquella lectura en grupo. No eran charlas. Compartíamos muchas cosas de la vida que iban saliendo en el Evangelio de cada domingo. La Palabra hace grupo. Ahora, viudo, estoy como residente y ayudo todo lo que puedo, para que la Palabra siga dando luz y sentido cada jueves a nuestra vida de mayores”. Pedro U.

 

NOTA: Estos testimonios se escriben con apuntes de llamadas telefónicas que hacemos a suscriptores y amigos de la lectio divina. Seleccionamos las respuestas más directas, vivenciales y espontáneas. Invitamos a participar. Compartir experiencias, nos enseña mucho a todos…

Revista Según tu Palabra

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La Palabra de Dios transforma, sana y libera del demonio

Lucas 4,31-37 – XXII martes tiempo ordinario: ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno?. Ya sé quién eres, eres el Santo de Dios

Reflexión del Papa Francisco

La autoridad divina de Cristo había suscitado la reacción de satanás, escondido en aquel hombre; Jesús, a su vez, reconoció inmediatamente la voz del maligno y “ordenó severamente: ¡Cállate y sal de este hombre!”.

Sólo con la fuerza de su palabra, Jesús libera a la persona del maligno. Y una vez más los presentes permanecen asombrados: “Pero este hombre, ¿de dónde viene? Da órdenes a los espíritus impuros, ¡y estos le obedecen!”. La Palabra de Dios provoca asombro en nosotros. Tiene esa fuerza: nos asombra, bien.

El Evangelio es palabra de vida: no oprime a las personas, al contrario, libera a cuantos son esclavos de tantos espíritus malvados de este mundo: tanto el espíritu de la vanidad, el apego al dinero, el orgullo, la sensualidad…

El Evangelio cambia el corazón, El Evangelio, el corazón, cambia la vida, transforma las inclinaciones al mal en propósitos de bien.

¡El Evangelio es capaz de cambiar a las personas! Por tanto, es deber de los cristianos difundir por doquier su fuerza redentora, llegando a ser misioneros y heraldos de la Palabra de Dios.

¡Acuérdense siempre que el Evangelio tiene la fuerza de cambiar la vida! No se olviden de esto. Él es la Buena Nueva, que nos transforma sólo cuando nos dejamos transformar por ella.

He aquí porqué les pido siempre que tengan un contacto cotidiano con el Evangelio, que lean cada día un pasaje, un pasaje, que lo mediten y también que lo lleven con ustedes por doquier: en el bolsillo, en la cartera… Es decir que se alimenten cada día de esta fuente inagotable de salvación.

¡No se olviden! Lean un pasaje del Evangelio cada día. Es la fuerza que nos cambia, que nos trasforma: cambia la vita, cambia el corazón.

Invoquemos la materna intercesión de la Virgen María, Aquella que ha acogido la Palabra y la ha generado para el mundo, para todos los hombres. Que Ella nos enseñe a ser escuchas asiduos y anunciadores acreditados del Evangelio de Jesús.

(Reflexión antes del rezo del Ángelus, 3 de febrero de 2015). PildorasdeFe.net

 

Ignorar las Escrituras…

La ignorancia en las Escrituras es ignorancia en Cristo

”El de ustedes, es el fruto de un trabajo paciente, cuidadoso, fraterno, competente y sobre todo creyente. Si no creerán, no comprenderán; si no creerán, no subsistirán”, dijo el Santo Padre Francisco a los miembros de la Alianza Bíblica Universal a los que recibió la mañana del lunes en la Sala del Consistorio para la presentación de la Biblia en lengua Italiana ”Palabra del Señor -La Biblia Interconfesional en lengua corriente”. ”Deseo – les dijo el Papa- que este texto, que se presenta con el beneplácito de la Conferencia Episcopal Italiana y de la Federación de las Iglesias Evangélicas en Italia, anime a todos los cristianos de lengua italiana a meditar, vivir, testimoniar y celebrar el mensaje de Dios”.

”Desearía tanto -agregó- que todos los cristianos pudieran aprender ”la sublime ciencia de Jesucristo” a través de la lectura frecuente de la Palabra de Dios, ya que el texto sagrado es el nutriente del alma y la fuente pura y perenne de la vida espiritual de todos nosotros. Debemos esforzarnos para que todos los fieles lean la Palabra de Dios, ya que ”la ignorancia de las Escrituras, en efecto, es ignorancia en Cristo, como dice san Jerónimo”.

Antes de finalizar, Francisco les dio las gracias por su precioso trabajo y los animó a ”continuar el camino iniciado, para dar a conocer siempre mejor y hacer comprender más profundamente la Palabra de Dios viviente”. 2014-10-27 Radio Vaticana

 

Claves de lectio divina

“La lectio divina consiste en quedarse durante un cierto tiempo sobre un texto bíblico, leyéndolo y releyéndolo, casi «rumiándolo» come dicen los Padres, y exprimiendo, por así decir, todo el «jugo», para que nutra la meditación y la contemplación y llegue a regar como savia la vida concreta. Condición de la lectio divina es que la mente y el corazón estén iluminados por el Espíritu, a saber, por el mismo Inspirador de la Sagrada. Escritura, y se pongan por eso en actitud de «religiosa escucha»”.

“Hay que huir de lo académico. Que no se convierta el encuentro en una clase de exégesis, ni en charla bíblica, ni en ocasión para brindar consejos espirituales a los demás, ni en minúsculas homilías. Que nuestra intervención brote de forma transparente de la profundidad del corazón, que ha sido tocado por la gracia de la Palabra de Dios”.

“La lectio divina es una lectura, personal o comunitaria, de la Biblia, acogida como Palabra de Dios, y que se desarrolla bajo la inspiración del Espíritu Santo en meditación, oración y compromiso cristiano. Lectura en el Espíritu, o Biblia orada: eso es la lectio divina. La palabra lectio nos suena a lección, o clase… En nuestra lengua española se ha impuesto, debido a un préstamo servil del latín, el uso habitual de la expresión lectio divina. Lamentable resulta constatar que,  para buen número de creyentes, la lectio divina se reduce a una meditación, o reflexión en torno a la Palabra, a decir algo sobre ella (Masini)”.

1.- Lectura (lectio). Lo que el texto dice.

 2.- Meditación (meditatio).Lo que el texto me dice.

 3.- Oración (oractio). Lo que yo digo a Dios y lo que Dios me dice a partir del texto.  

      Habla, Señor, que tu siervo escucha.

 4.- Acción misionera (actio). Hágase en mí según tu Palabra”.

“Esta lectura detenida  produce un conocimiento sorprendente del texto por la multiplicidad de aspectos nuevos que se pueden detectar. Nunca se ponderará suficientemente la fuerza iluminadora que posee la lectura reflexiva de la Palabra. Nosotros,  por la insana rutina de la costumbre, normalmente no «leemos con atención la Palabra», sino que la sobrevolamos pues pensamos que ya la conocemos casi de memoria. La energía de la Palabra, entonces,  no nos penetra ni nos impregna íntimamente; nos resbala y lamentablemente se queda en algo externo, sin capacidad real de transformación”.

“Lee también los lugares paralelos que cualquier Biblia te ofrece, ayúdate de algunos instrumentos exegéticos, algún diccionario bíblico, comentarios patrísticos, espirituales, para entender adecuadamente, en profundidad y en extensión lo que el texto de la Escritura dice en sí. De esta manera podrás evitar los dos grandes peligros que hoy nos acechan: el fundamentalismo, es decir, interpretar la Biblia al pie de la letra; y el espiritualismo desencarnado: pensar que Dios me habla al instante y sin mediaciones  humanas ni previo discernimiento. Pero no caigas en la acumulación erudita de datos. No es una clase de exégesis lo que estás haciendo. Lee despacio, tratando de imprimir en el corazón lo que dice el texto. Es Dios quien con su palabra encarnada te habla y te interpela”.

“¿En qué momento se debe pasar de la lectura a la meditación? Es difícil delimitarlo. Permite que lo leído baje hasta el corazón y encuentre en él un centro de acogida donde pueda resonar con todas las vibraciones. Dale calor a la Palabra. Hay que comer, asimilar ese alimento porque es palabra «viva» que da «vida»y nutre la fe. No es cuestión de meditarla fríamente con el cerebro, sino de permitir que descienda a la hondura de nuestro espíritu. Hay que emplear el método que usaba María, nuestra madre. Dice de ella san Lucas (2,19) en un verso densísimo: «María, en cambio, conservaba todas estas cosas, meditándolas  en su corazón». Se trata de una «rumia» (ruminatio) que hace posible que la Palabra vaya calando dentro, hasta quedar del todo  hecha carne propia”

 Francisco Contreras Molina CMF (Carta a los misioneros claretianos).

 

 

 

Tocar al Señor

Ayer estuve en el grupo de lectio divina al que voy cada miércoles. Necesitaba un rato de paz y silencio para dejar en el Señor los agobios y malos ratos de los últimos días. Hay veces que se complican las cosas y todo te viene torcido. Llevó la oración Sor Rosa, una monja que habla muy poco pero que a mí me dicen mucho sus comentarios y su forma de compartir. Habla desde el corazón y transmite mucha humildad.

Fue ella precisamente quien destacó la frase final del texto de san Lucas: “…Porque salía de Él una fuerza que los curaba a todos”. Yo estaba dándole vueltas y cuando Sor Rosa contó lo que para ella significaba tocar al Señor, a mí se me abrieron los ojos y se me despertaron unas ganas inmensas de ir a misa, comulgar y tocar así a Jesús con mucha fe en su fuerza sanadora.

Esta mañana me fui temprano a misa de ocho, antes de trabajar, y viví una eucaristía llena de fe. Recordé mi primera comunión. Fui a comulgar con mucha emoción y jamás olvidaré el abrazo silencioso del Señor. Estuve en sus manos, en sus hombros, y en la fuerza que da su compañía… Estuve en las glorias. Gracias, Señor, por la luz de tu Palabra y el pan que nos da vida. MaryLuz F.

Paso a paso

Este camino de la lectura orante y creyente es para los que andan paso a paso y poco a poco. Es como el Reino de los cielos: para los que son como niños; para los que se dejan guiar por el Espíritu; para los que viven reconociendo que necesitan ayuda; para los que aceptan con agrado que se les guie…

Este camino de leer paso a paso es para los que disfrutan caminando de la mano de quien los lleva;  para los que se fían de quien les enseña a caminar por la vida; para los que no se fían de sí mismos;  para los que sienten necesidad de cuidado y alimento;  para los que avanzan aprendiendo de sus errores…

Este camino de escucha y oración es para quienes no se tienen por entendidos y más listos que su prójimo; para quienes comprenden y hablan el lenguaje del amor que transmiten las palabras; para quienes viven aceptando sus realidad. A mí me hace mucho bien este regalo de Dios. Ya no podría vivir sin él. Teo P.