Cosas de lectiocaminantes

8.-  Raíces: “La lectio divina hunde sus raíces en la religión judía, en el uso de la sinagoga, en la “meditación” (haga) o relectura de la Biblia propia de los rabinos y sus discípulos. Pero hay que esperar a Orígenes, el famoso maestro alejandrino, para que la práctica de la “lectura divina” (theía anágnosis) aparezca con claridad y ya perfectamente perfilada.

Orígenes, que, con toda probabilidad, aprendió este método de sus maestros judíos, considera la lectio divina como la base necesaria de toda vida ascética, de todo conocimiento espiritual, de toda contemplación. La escritura, en efecto, no constituye un instrumento, entre otros, que ayuda a progresar en la vida del espíritu, ni la lectura de la Biblia, un simple ejercicio de piedad. Más bien hay que decir que la vida espiritual del cristiano es la Escritura leída, meditada, comprendida y vivida. La Biblia, junto con la Encarnación y la Iglesia, es la manifestación sensible de la presencia del Logos en la historia, es la voz misma de Cristo que se dirige a sus fieles a través de la Iglesia. De ahí que todo fiel cristiano deba dedicarse asiduamente a la “lectura divina”. La penetración en el misterio de Cristo por vía de la Escritura se realiza progresivamente, y su comprensión profunda no tiene lugar sino después de una lectura insistente e interrumpida por la oración”. (La Lectura de Dios. G.M. Colombas.  Ed. Monte Casino).

 

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Lectio divina – Domingo Resurrección

LECTIO DIVINA – DOMINGO RESURRECCION

 “Juan 20, 1‑9” http://www.monasteriozenarruza.net

 LECTURA:                

El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.

Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llego primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró.

Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.

MEDITACIÓN:  “No habían entendido”

Hoy, día de Pascua, se ha hecho la luz. Es como comenzar una nueva creación, una andadura nueva, como una invitación a partir de cero la aventura de nuestro ser humanos con una perspectiva, con un horizonte amplio, desconcertante. Es como la respuesta esperada a muchas preguntas que  nosotros no podemos responder y que nos vienen respondidas desde Dios. Hay muchos que siguen con el sepulcro cerrado, creo que interesa que sea así, es mejor, porque los muertos no dan guerra, los vivos sí. Pero mira por donde, la piedra estaba corrida, el sepulcro estaba abierto, a María le preocupaba el lugar del cuerpo de Jesús, pero los discípulos al final entendieron lo que no habían sabido o querido entender, que tenía que resucitar.

Por eso me he quedado en esta afirmación que, tal vez, no es el grito precisamente más pascual, pero que está en la base del acontecimiento vivido y experimentado por los testigos de la primera hora y por nosotros. Cerrados en sí, como siempre nos pasa, no estaban esperando, habían dado el carpetazo a todo lo vivido, a pesar de la intensidad y la fuerza de lo experimentado. Su dolor, quizá su mismo miedo, y su perspectiva corta, les había hecho olvidar, no sólo las palabras del maestro, sino de la propia Escritura, “que tenía que resucitar de entre los muertos”. Todavía les quedaban pasos que dar para asimilar y terminar de entender, pero la losa estaba abierta, la de la tumba, y la más pesada de sus corazones comenzaba a entreabrirse.

Muchos años, siglos después, todavía no hemos entendido del todo. Todavía discutimos el modo, es la eterna tentación de quedarnos en lo externo y de coger el rábano por las hojas. Puede ser que los detalles estén, cómo no, mediados por sus experiencias concretas, que explicaron como supieron o pudieron, pero todo lo que vivieron, los signos que descubrieron, la relectura de la Escritura y de las palabras y la vida de Jesús, hizo lo que no consiguió, podríamos decir, los años de vida compartida  con él, trastocó totalmente sus vidas, las convirtió, las relanzó, comenzó la auténtica experiencia de conversión, tanto que podemos afirmar que la conversión no es cuaresmal, sino pascual y, de hecho, con ese grito había comenzado Jesús su andadura.

Sí, Cristo ha resucitado, fue su grito y el  nuestro. No fue un sueño ni un empeño. Su nueva vida lo puso de manifiesto y, ese cambio, realizado y manifestado en cada uno de  nosotros, es la llamada a vivir nuestra realidad de resucitados con Cristo. Aquellos hombres, con su cambio radical de vida, se convirtieron, con sus pobrezas y limitaciones, en testigos del resucitado; y ésa es la llamada, es ahí donde estamos llamados en nuestro hoy a seguir siendo testigos de ella con nuestra vida vivida en clave de conversión continua, en clave de Cristo. Apoyados en la fe de los testigos aprovechemos la gracia de este año de la fe para ahondar en este misterio de salvación que se nos ha alcanzado con la resurrección de Cristo, apoyándonos en su Palabra y en la eucaristía.

ORACIÓN:   “Gracias porque vives”

Señor, gracias. Gracias por haber muerto y por haber resucitado. Gracias por llenar de sentido la lucha, mi lucha de cada día, por poner horizonte a mi vida, por abrirme cauces de sentido y de vida. Gracias porque, a pesar de mi debilidad, de mis limitaciones y, a veces, hasta contradicciones, me ofreces motivos para seguir creciendo, para seguir dando lo mejor de mí. Gracias porque me ayudas a sentirme hombre, a sentirme y a construirme como humano. Merece la pena el esfuerzo porque ahora sí, ahora la vida tiene sentido; porque ahora me desvelas mi dignidad; porque ahora sé cierto hacia dónde camino. Por eso, sigue acompañando mi lucha, mis deseos. Que no pierda la alegría profunda de saber que vienes conmigo en la salud y en la enfermedad, en las tristezas y en las alegrías, y que eso sea mi fuerza y mi sentido. Gracias, sí, gracias porque vives, porque eres, porque estás. Aleluya.

CONTEMPLACIÓN:  “Aleluya” 

Quiero explotar en un grito de alegría, quiero gritar, sí, a los cuatro vientos, que ya nos hay más losas y puertas cerradas que las que nosotros queramos poner, porque tú las has abierto todas. Has abiertos puertas y ventanas, has abierto deseos y esperanzas, has pintado de luz los horizontes y creado caminos de infinitud. Has escrito con letras de vida la palabra amor y lo has colmado todo de tu Espíritu. Por eso, sí, quiero explotar en un grito profundo de alegría que rasgue mis entrañas cerradas: ¡Cristo vive!, ¡ha resucitado! ¡ALELUYA!

 

Lectio Divina – Sábado Santo

Lucas 23, 50-56  Sitio web oficial de los carmelitas: ocarm.org

La luz del Esposo brilla en la noche

  1. ORACION:

Señor, en este día sólo hay soledad y vacío, ausencia y silencio: una tumba, un cuerpo sin vida y la oscuridad de la noche. Ni siquiera  Tú eres ya visible: ni una Palabra, ni un respiro. Estás haciendo Shabbát, reposo absoluto. ¿Dónde te encontraré ahora que te he perdido?

Voy a seguir a las mujeres, me sentaré también junto a ellas, en silencio, para preparar los aromas del amor. De mi corazón, Señor, extraeré las fragancias  más dulces, las más preciosas, como hace la mujer, que rompe, por amor, el vaso de alabastro y esparce su perfume.

Y llamaré al Espíritu, con las palabras de la esposa repitiendo: “ ¡Despierta, viento del norte, ven, viento del sur! ¡Soplad sobre mi jardín ¡  ( Ct. 4,16)

  1. LECTURA:

50 He aquí  un miembro del Consejo, llamado José, hombre recto y justo,
51 que había disentido con las decisiones y actitudes de los demás. Era de Arimatea, ciudad de Judea, y esperaba el Reino de Dios.
52 Fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
53 Después de bajarlo de la cruz, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado.
54 Era el día de la Preparación, y ya comenzaba el sábado.
55 Las mujeres que habían venido de Galilea con Jesús siguieron a José, observaron el sepulcro y vieron cómo había sido sepultado.
56 Después regresaron y prepararon los bálsamos y perfumes, pero el sábado observaron el descanso que prescribía la Ley. Sigue leyendo “Lectio Divina – Sábado Santo”

Cosas de Lectiocaminantes

7.- COMO DICHOS GRADOS SE RELACIONAN ENTRE SI: “Estos grados, de tal modo están conectados entre sí, y de tal modo se ayudan recíprocamente, que de poco o nada sirven los precedentes sin los subsiguientes, y nunca o casi nunca se pueden adquirir los subsiguientes sin los precedentes. ¿De qué sirve, en efecto, ocupar tiempo en una continua lectura, y recorrer las vidas y escritos de los santos, si masticando y rumiando no sacamos el jugo, y trabajándolo no lo transmitimos a lo íntimo del corazón, para poder considerar así atentamente nuestro estado, y tratar de realizar las obras de aquellos cuyas gestas nos agrada leer asiduamente? ¿Pero cómo reflexionaremos sobre esto, o cómo podremos evitar el meditar falsedades o vaciedades, transgrediendo los límites fijados por nuestros santos padres, si no nos instruye la lectura o la palabra oída? La palabra oída, en efecto, se asemeja en cierto modo a la lectura, por lo cual solemos decir que hemos leído, no sólo los libros que leímos nosotros mismos o que nos leyeron, sino aún lo que oímos a nuestros maestros. Igualmente, ¿qué le aprovecha al hombre ver en la meditación lo que debe hacer, si no lo pone en práctica con la ayuda de la oración y la gracia de Dios? Todo don excelente, todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, sin el cual nada podemos hacer. El es quien obra en nosotros, pero no sin nosotros. Somos cooperadores de Dios, como dice el Apóstol. Dios quiere que lo invoquemos, quiere que abramos el seno de nuestra voluntad a la gracia que llega y que golpea la puerta, quiere nuestro consentimiento.

Este era el consentimiento que le exigía a la samaritana cuando le decía: Llama a tu marido, como si le dijera: Quiero infundirte la gracia; tú acude con tu libre albedrío. Le exigía que orara: Si tú conocieras el don de Dios y quién es el que te dice ‘Dame de beber’, quizás fueras tú quien le hubiera pedido agua viva. Cuando ella oyó esto, instruida por el Señor como por una lectura, meditó en su corazón cuán bueno y útil le sería poseer esta agua, y, habiéndose encendido en ella el deseo de tenerla, apeló a la oración diciendo: Señor, dame de esta agua para no sufrir más sed.

He aquí cómo la palabra que oyó del Señor, al ser meditada, la movió a orar. Pues ¿cómo se hubiera preocupado de pedir, si la meditación, si lo que ésta le mostraba como deseable no lo pidiera luego la oración? Por eso, para que la meditación sea fructuosa es necesario que se prolongue en oración devota, cuyo afecto, por decirlo así, es la dulzura de la contemplación”.  Scala Claustralium. Guigo II, El Cartujo.

 

 

Cosas de lectiocaminantes

6.-  GRADOS: “La lectura aparece en primer lugar, como el fundamento. Ella proporciona la materia y nos lleva a la meditación.

La meditación, busca atentamente qué es aquello que debe ser deseado. Cavando, descubre un tesoro, y lo muestra, pero no puede alcanzarlo por sí misma, y nos remite a la oración.

La oración, alzándose con todas sus fuerzas hacia Dios, le pide el deseado tesoro: la suavidad de la contemplación.

Esta, cuando llega, recompensa el esfuerzo de las tres anteriores, embriagando el alma sedienta con la dulzura del rocío celestial. La lectura es un ejercicio exterior. La meditación, un acto de la inteligencia interior. La oración, un deseo. La contemplación, algo por encima de los sentidos. El primero es el grado de los que comienzan. El segundo, de los que progresan. El tercero, de los devotos. El cuarto, de los bienaventurados”. Scala Claustralium. Guigo II, El Cartujo.

Lectio Divina – Viernes Santo

Jn. 18 y 19  Pasión de Cristo según San Juan.
catequesiscadizyceuta.wordpress.com

En nuestra oscuridad
enciende la llama de tu amor, Señor,
de tu amor, Señor

LECTURA: “E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu” De esta forma sobria anuncia el evangelio de san Juan la muerte de Jesús. Todo se ha cumplido. Es la hora del Hijo del Hombre. El final del Vía crucis. La consecuencia de una vida. El misterio de la encarnación que llega a su plenitud. El relato de la pasión nos introduce en el camino del Hijo de Dios; con Él subimos al Calvario. Jesús, quiere compartir con nosotros la entrega de la vida, porque quiere hacernos partícipes de los frutos de esta entrega. La unión con el Cristo sufriente nos identifica con él. En su sufrimiento y en su muerte están todos los sufrimientos de la humanidad, todas nuestras muertes. Cristo en la cruz da luz y sentido a nuestro vivir y a nuestro morir.
Jesús, en Getsemaní, y ante los servidores de los sumos sacerdotes pregunta: “¿A quién buscáis? Es la misma pregunta que nos hace hoy a cada de nosotros: ¿A quién buscamos? La respuesta es la misma que en el huerto de los olivos: “A Jesús el Nazareno!” Sí, buscamos a Jesús, a aquel que anuncia el Reino de Dios, al que realiza signos que hacen presente un mundo nuevo; buscamos al que habla con autoridad, al que se acerca al hombre para curar sus heridas y aliviarlo en sus fatigas. Buscamos al Jesús de las bienaventuranzas y al del Tabor; buscamos al Mesías esperado. Y Jesús, nos sigue contestando: “Yo soy… Os he dicho que yo soy”.
Ese Jesús que buscamos es el que contemplamos en la pasión “sin figura, sin belleza”, aquel que “desfigurado no parecía hombre, ni tenía aspecto humano”. Jesús nos está invitando a reconocerlo en su pasión y en su muerte.
Jesús llega a la cruz libre y voluntariamente. A Cristo no le quitan la vida, la entrega. El cántico del Siervo de Yahvé anuncia a Cristo y el sentido de su muerte. Cristo murió por nuestros pecados, murió para salvarnos. Nuestras faltas nos llevaron hasta la muerte, pero Él cargando con el mal de los hombres, nos ha devuelto a la vida para la que fuimos creados. Sus heridos nos han curado. La muerte de Cristo es la que sentido a su existencia que es una existencia para los demás.
Si buscamos el por qué de la muerte de Cristo sólo lo encontraremos en un “por quién”. Cristo murió por nosotros y por nuestra salvación. Cumple la misión para la que ha venido al mundo: Jesús es el Salvador del mundo. Solo en Él hay salvación. La liturgia del viernes santo nos invita a contemplar y adorar la cruz de Cristo. “Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada la salvación del mundo”. El paso por la cruz es siempre doloroso. La cruz sola no tiene sentido. Lo que da sentido a la cruz es el Crucificado. Con Cristo, la cruz se convierte en un signo de amor que da sentido a todos los sufrimientos.
La cruz no es un fracaso porque el que ama nunca fracasa. Jesús no ha fracasado porque ha amado. La cruz nos enseña cómo hemos de amar, porque ella es escuela del verdadero amor. La cruz es signo de amor entregado. La cruz se levanta para anunciar que al mundo no lo salvan los poderosos, sino el amor de Dios. Para el mundo la cruz es un escándalo, para nosotros, los cristianos, es signo de salvación.
En el mundo, junto a la cruz del Señor, se han plantado muchas cruces a lo largo de la historia. Pero esta cruz, la de Cristo, es la que ilumina todas las demás. Cristo se ha hecho solidario con toda la humanidad, y muy especialmente por los que pasan por la prueba del dolor. Cristo es el hermano que nos auxilia en nuestras necesidades.
MEDITACION: Ante Cristo en la cruz, es momento de serenarse en el Señor, de llegar a valorar la crisis como circunstancia favorable para adorar al único Dios y crecer en el despojamiento necesario para purificar la intención de todo lo que realizamos.
La muerte es una realidad que no podemos evitar. Está presente en cada momento de nuestra vida: el dolor, el fracaso, la incomprensión… son realidades amargas de las que todos tenemos experiencia. Cristo las sufrió primero.Veinte siglos después de que Caifás profetizara “conviene que un hombre muera por el pueblo”, otros Caifás siguen sentenciando “conviene mantener en la ignorancia, en la miseria, en la guerra… a pueblos enteros para salvar la economía, nuestro nivel de vida, nuestro prestigio…” La pasión y muerte del Señor que celebramos los cristianos es un acontecimiento presente y actual. Lo que hicieron con Jesús aquella tarde, lo seguimos haciendo cada día. Con otras espinas, con otros clavos, con otras cruces… Jesús sigue siendo crucificado. No podemos cerrar los ojos a la realidad.
ORACION: ¿Cómo quejarme, Jesús, de mis pies cansados
cuando veo los tuyos destrozados? ¿Cómo mostrarte mis manos vacías,
cuando las tuyas están llenas de heridas? ¿Cómo explicarte a ti mi soledad,
cuando en la Cruz alzado y sólo estás? ¿Cómo explicarte que no tengo amor,
cuando tienes rasgado el corazón? Sólo pido, Señor, no pedirte nada,
estar aquí, junto a tu imagen muerta.

CONTEMPLACION: Contempla a Cristo, el Siervo de Yahvé. Jesús sufre la muerte para salvar a todos. Este es el gran escándalo, que la muerte de millones de personas sea decretada por unos pocos y que asistamos inalterables a esta situación.
Cristo, tiene muchos falsos seguidores que lo buscan sólo por sus milagros, pero Él no se deja engañar y hoy te dice: “el que no toma su cruz y me sigue no es digno de mi”.
Presenta ante la Cruz de Cristo todos los dolores, sufrimientos y cruces del mundo y los tuyos. Acompaña a Jesús en su Pasión y a tus hermanos en el sufrimiento y el dolor.
Contempla lo que hacen o dicen, no hacen o dejan de hacer, los distintos personajes que “desfilan” en la Pasión de Cristo. ¿Te ves reflejado en ellos? ¿Cómo?

ACCION: Ante la contemplación de la muerte de Cristo descubre tus límites, tu impotencia, tu fragilidad… Presenta a Jesús tu realidad y deja que Él actúe.
Es momento de centrar la mirada en el Señor, y agradecer el momento de la prueba, porque gracias a ella descubrimos pliegues ocultos en nuestro interior con los que convivimos inconscientemente.
Agradece hoy a Jesús todo lo que ha hecho y hace por ti y ante tu realidad haz tuyo este pensamiento de Santa Teresa: “… y así procura Él fortalecer nuestra flaqueza para poderle imitar en el mucho padecer. Los que más cercanos estuvieron a Cristo nuestro Señor fueron los de mayores trabajos: miremos los que pasó su gloriosa Madre”.

 

 

Claves de Lectiocaminantes…

5.- PREGUNTAS: “En la presencia de Dios, en una lectura reposada del texto, es bueno preguntar, por ejemplo: «Señor, ¿qué me dice a mí este texto? ¿Qué quieres cambiar de mi vida con este mensaje? ¿Qué me molesta en este texto? ¿Por qué esto no me interesa?», o bien: «¿Qué me agrada? ¿Qué me estimula de esta Palabra? ¿Qué me atrae? ¿Por qué me atrae?». Cuando uno intenta escuchar al Señor, suele haber tentaciones. Una de ellas es simplemente sentirse molesto o abrumado y cerrarse; otra tentación muy común es comenzar a pensar lo que el texto dice a otros, para evitar aplicarlo a la propia vida.

También sucede que uno comienza a buscar excusas que le permitan diluir el mensaje específico de un texto. Otras veces pensamos que Dios nos exige una decisión demasiado grande, que no estamos todavía en condiciones de tomar. Esto lleva a muchas personas a perder el gozo en su encuentro con la Palabra, pero sería olvidar que nadie es más paciente que el Padre Dios, que nadie comprende y espera como Él. Invita siempre a dar un paso más, pero no exige una respuesta plena si todavía no hemos recorrido el camino que la hace posible. Simplemente quiere que miremos con sinceridad la propia existencia y la presentemos sin mentiras ante sus ojos, que estemos dispuestos a seguir creciendo, y que le pidamos a Él lo que todavía no podemos lograr”.

Papa Francisco (Evangelii Gaudium 153)