Mensaje para la lectio divina (3): Espera y confía cantando

El Espíritu Santo, el Señor y dador de vida, es quien nos hace vivir en el Amor de Dios, quien nos da sus dones, quien lleva la iniciativa, quien nos hace sentir que Él nos amó primero, quien nos lleva de la mano, quien nos va explicando el camino a través de las personas, con palabras humanas, con parábolas de las cosas que vivimos cada día y según cada uno va comprendiendo.

La vida de Dios-con-nosotros no es cuestión de ideas, sino de amor: de luz y calor en el corazón. Jesús no es un libro que enseña y te habla, es el Hijo Amado del Padre, la prueba de que te ama incondicionalmente y con locura. 

Cuando te duela la vida y no comprendas lo que pasa, cuéntale todo con mucho amor a tu Padre del cielo y espera sin dudar que te responda. Espera cantando bajito esta canción al oído del Señor, y ya verás lo que pasa: “Tú palabra me da vida, confío en Tí, Señor. Tu Palabra es eterna en ella esperaré”.

Joaquín E. Urbano

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Vivo más intensamente la oración

¿Qué encuentras en la lectura de la Biblia? Me centro en el Evangelio de cada día y en su lectura encuentro la fuerza que necesito para seguir de pie como cristiana. Estamos pasando unos tiempos difíciles en la familia. Mi marido lleva mal estar sin trabajar. Ya son cuatro meses cobrando la prestación por desempleo.

¿Cómo te ayuda el Espíritu Santo en la lectura? Da luz. Veo que ilumina la nueva realidad familiar. Cuando podemos hacer la oración juntos, el Espíritu nos ayuda a ver qué quiere ahora el Señor con todo esto.    

¿Qué tiene que ver con tu vida la Palabra de Dios? Los problemas maduran y hacen crecer la fe. La palabra confianza suena en mi corazón más de verdad, porque veo que el Señor nos cuida. Yo sí continúo en el colegio, pero el ambiente se ha complicado con  mucha gente desesperada y con miedo al futuro. Ahora vivo más intensamente la oración. Charo L 

Alabanzas y Salmos

Te lo digo con las mismas palabras de este salmo, desde un pueblo de Cádiz, en primavera, y desde lo más hondo de mi ser: “¡Cuántas son tus obras, Señor! Todas las hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas!”

Orar con los salmos es como cantarte con música que sale del corazón y la letra que leemos en las Santas Escrituras de tu Palabra. Gracias, Señor, por los salmos. El que no reza es porque no quiere. Nos das hasta lo que tenemos que decirte. Sólo hay que hacer que sucedan estos cánticos y oraciones en nuestro corazón y dejar que lleguen como incienso a tu presencia. Sólo tenemos que fundir nuestros sentimientos con los tuyos en las palabras del salmo. A veces, me arrancas a bailar y a cantarte por bulerías.

¡Qué bien haces las cosas, Señor! ¡Qué grande eres! Que los salmos me emocionen y enciendan el corazón de alguien como yo, es una maravilla sin ruido, un milagro silencioso, de esos que ocurren cada día, y que solo se comprenden en tu amor. Lola G.

 

Mensaje para la lectio divina (2): Ir leyendo en escucha y oración

Es en la oración donde el Espíritu funciona, donde el Espíritu trabaja, donde el Espíritu no para de hacer nuevas las cosas. Es orando la vida que llevas y las cosas que pasan en tu corazón cuando el Espíritu actúa y te lo va explicando todo. Es viviendo en pobreza la oración cuando se aprende a dejar hacer a Dios y a tener experiencia de su misericordia, de su mano sobre la tuya. El  poder de su Palabra actúa sin hacer ruido, con naturalidad, de verdad de la buena, con mucha delicadeza y con amor entrañable que se nota por dentro.

Cuando brote la oración, ve diciendo al oído del silencio: Gracias, Señor, por ocuparte de mi…  

 No es el dinero, ni el bienestar, ni el éxito profesional, ni tu poder, ni tu fuerza, ni el tener de todo, ni el vivir bien, ni el sentirte a gusto contigo mismo… Es el amor del Amor de Dios, es que el Espíritu te enciende el corazón para que tú lo pongas en todo lo que haces durante el día. La Vida de la Palabra de Dios entre nosotros es cuestión de amor, de servicios concretos, de darse, de entregarse, de olvidarse de uno mismo, de ser buena gente, de estar pendiente del otro, de compartir lo que Dios te da, de caminar al paso de quien tienes cerca. 

 Cuando miras tu forma de vida con el Señor que te habla en la lectura, verás cómo te va atrayendo caminar según su corazón…

Joaquín E. Urbano

Mensaje para la lectio divina (1): Nada es imposible para el Dios que nos habla

En la Palabra hay poder del Espíritu Santo para convertir tu vida. Lo importante no es lo que tú puedes, lo que tú sabes o lo que tú tienes… Lo más importante de todo es el poder del Espíritu para dar vida, para hacer de nuevo, para generar actitudes de perdón, de misericordia, de entrega, de servicio, de bondad, de verdad, de amor, de mucho amor, de mucha luz en los momentos más oscuros.

Al leer la Biblia, ve preguntando al Señor en tu corazón: ¿Por qué tengo miedo si nada es imposible para Tí?

La Palabra de Dios es Espíritu y Vida. Cuando peor estás, cuando las cosas te van mal, cuando hay cosas de la vida que te hieren el corazón, cuando ya no puedes más, es cuando mejor vas a poder abrirte a las sorpresas de Dios, al poder misericordioso de su Espíritu. Él sólo quiere hacer en tu vida la de Jesús: su liberación, su victoria, su muerte y resurrección por ti. Él, con mucho respeto por ti, por tus procesos, tus tiempos, y tus formas de entender, solo quiere darte vida en abundancia.

Cuando te vayas abriendo a la escucha del Señor en la Palabra, ve preguntándo desde el interior de tu corazón: ¿Por qué tengo miedo si nada es imposible para Tí?

“No se puede anunciar la Palabra de Dios sin escucharla”. Benedicto XVI

Mensaje del Papa Benedicto XVI a los participantes del Congreso Internacional La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia en la que hace énfasis en el modo de comunicar el Evangelio (16.09.2005). (Fuente: Zenit.org)

Señores cardenales,
venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
queridos hermanos y hermanas:

Os dirijo mi más cordial saludo a todos los que participáis en el congreso sobre «La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia», convocado por iniciativa de la Federación Bíblica Católica y por el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos para conmemorar el cuadragésimo aniversario de promulgación de la constitución dogmática sobre la Revelación divina, «Dei Verbum». Os felicito por esta iniciativa, pues hace referencia a uno de los documentos más importantes del Concilio Vaticano II.

Saludo a los señores cardenales y a los obispos que son los testigos primarios de la Palabra de Dios, los teólogos que la investigan, la explican y la traducen en el lenguaje actual, los pastores que buscan en ella las soluciones adecuadas a los problemas de nuestro tiempo. Doy las gracias de corazón a todos los que trabajan al servicio de la traducción y de la difusión de la Biblia, ofreciendo los medios para explicar, enseñar e interpretar su mensaje. En este sentido, dirijo un agradecimiento especial a la Federación Bíblica Católica por su actividad, por la pastoral bíblica que promueve, por la adhesión fiel a las indicaciones del Magisterio y por el espíritu abierto a la colaboración ecuménica en el campo bíblico. Expreso mi profunda alegría por la presencia en el Congreso de los «delegados fraternos» de las iglesias y de las comunidades eclesiales de Oriente y de Occidente y saludo con cordial deferencia a los que intervienen en representación de las grandes religiones del mundo.

La constitución dogmática «Dei Verbum», de cuya elaboración fui testigo al participar en primera persona como joven teólogo en las vivaces discusiones que la acompañaron, se abre con una frase de profundo significado: «Dei Verbum religiose audiens et fidenter proclamans, Sacrosancta Synodus …» [«El Santo Concilio, escuchando religiosamente la palabra de Dios y proclamándola confiadamente», ndt.]. Son palabras con las que el Concilio indica un aspecto calificador de la Iglesia: es una comunidad que escucha y anuncia la Palabra de Dios. La Iglesia no vive de sí misma sino del Evangelio y encuentra siempre y de nuevo su orientación en él para su camino. Es algo que tiene que tener en cuenta cada cristiano y aplicarse a sí mismo: sólo quien escucha la Palabra puede convertirse después en su anunciador. No debe enseñar su propia sabiduría, sino la sabiduría de Dios, que con frecuencia parece necedad a los ojos del mundo (Cf. 1 Corintios 1, 23).

La Iglesia sabe bien que Cristo vive en las Sagradas Escrituras. Precisamente por este motivo, como subraya la Constitución, siempre ha tributado a las Escrituras divinas una veneración parecida a la dedicada al mismo Cuerpo del Señor (Cf. «Dei Verbum», 21). Por esta razón, san Jerónimo decía con razón algo que cita el documento conciliar: la ignorancia de las Escrituras es ignorancia de Cristo (Cf. «Dei Verbum», 25).

Iglesia y Palabra de Dios están inseparablemente unidas entre sí. La Iglesia vive de la Palabra de Dios y la Palabra de Dios resuena en la Iglesia, en su enseñanza y en toda su vida (Cf. «Dei Verbum», 8). Por este motivo, el apóstol Pedro nos recuerda que «ninguna profecía de la Escritura puede interpretarse por cuenta propia; porque nunca profecía alguna ha venido por voluntad humana, sino que hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios» (2 Pt 1, 20).

Damos gracias a Dios porque en estos últimos tiempos, gracias también al impulso dado por la constitución dogmática «Dei Verbum», se ha reevaluado más profundamente la importancia fundamental de la Palabra de Dios. De esto se ha derivado una renovación en la vida de la Iglesia, sobre todo en la predicación, en la catequesis, en la teología, en la espiritualidad y en el mismo camino ecuménico. La Iglesia debe renovarse siempre y rejuvenecer y la Palabra de Dios, que no envejece nunca ni se agota, es el medio privilegiado para este objetivo. De hecho, la Palabra de Dios, a través del Espíritu Santo, nos guía siempre de nuevo hacia la verdad plena (Cf. Juan 16, 13).

En este contexto, querría evocar particularmente y recomendar la antigua tradición de la «Lectio divina»: la lectura asidua de la Sagrada Escritura acompañada por la oración permite ese íntimo diálogo en el que, a través de la lectura, se escucha a Dios que habla, y a través de la oración, se le responde con una confiada apertura del corazón (Cf. «Dei Verbum», 25). Si se promueve esta práctica con eficacia, estoy convencido de que producirá una nueva primavera espiritual en la Iglesia. Como punto firme de la pastoral bíblica, la «Lectio divina» tiene que ser ulteriormente impulsada, incluso mediante nuevos métodos, atentamente ponderados, adaptados a los tiempos. No hay que olvidar nunca que la Palabra de Dios es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro camino (Cf. Salmo 118/119, 105).
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La Federación Bíblica Católica (Febic) www.c-b-f.org

Promover y desarrollar el Ministerio Pastoral Bíblico de tal manera que permita que la Palabra de Dios presente en la Sagrada Escritura se convierta en una fuente dinámica de inspiración para todas las áreas de la vida y misión de la Iglesia en el mundo de hoy, siguiendo los lineamientos establecidos en la Constitución dogmática del Concilio Vaticano II sobre la Revelación divina “Dei Verbum” y en la Exhortación Apostólica postsinodal “Verbum Domini”, así como en los documentos de la Pontificia Comisión Bíblica, y en colaboración con los Obispos y las Conferencias Episcopales

Participar activamente en la misión de evangelización de la Iglesia compartiendo las Buenas Nuevas del amor de Dios por toda la creación manifestada en la vida y muerte de Jesucristo, la Palabra de Dios por excelencia y en el movimiento del Espíritu Santo

Facilitar un intercambio fructífero y la creación de redes de experiencias y reflexiones pastorales bíblicas, métodos y materiales, así como otros recursos entre sus diversos miembros, en un espíritu de solidaridad y subsidiariedad

Fomentar y apoyar el trabajo de sus organizaciones miembros de la forma que sea posible.

Las actividades de la Federación son las de todos y cada uno de sus miembros y abarcan varios campos:

  • Promueve, alienta y apoya la traducción, producción y distribución de la Biblia a nivel católico e interconfesional.
  • Promueve estudios bíblicos y la producción de herramientas educativas con el fin de un mejor acercamiento y comprensión de la Biblia.
  • Apoya el trabajo de las organizaciones católicas para el ministerio pastoral bíblico.
  • Alienta y estimula la cooperación e intenta establecer puentes entre la ciencia bíblica, el ministerio pastoral y las comunidades de la Iglesia en todos los niveles.
  • Apoya el diálogo interconfesional basado en el patrimonio común de las Escrituras judeocristianas, y también el diálogo entre las religiones basado en la Sagrada Escritura y aquellas escrituras consideradas como sagradas por otras religiones.