El Bautismo del Señor LECTIO DIVINA Lucas 3, 15-16.21-22 / 13 ENERO 2019

1 – LECTURA

¿Qué dice el texto?
Pistas para la lectura

Queridos Hermanos:
En la Liturgia de esta celebración contemplamos a Jesús que es bautizado en el Jordán. De entrada puede resultarnos un poco llamativo que el Señor sea bautizado con un bautismo de purificación como el que realizaba Juan. Es llamativo, pero es totalmente real. Una vez más, para cerrar el ciclo de la Navidad, este Domingo también se percibe la solidaridad de Dios con el hombre, con la humanidad pecadora a tal punto que Jesús, que es Dios y no tiene pecado, se pone en el lugar de los pecadores, en la “fila de los pecadores” para señalarnos una vez más cuan cerca nuestro está y qué compromiso asume con nosotros y nuestra historia.

El “bautismo de Jesús” es un relato de triple tradición, es decir que está narrado en los tres evangelios sinópticos: Mt 3,13-17; Mc 1,9-11 y Lc 3,21-22 (el que compartimos este año con el agregado de los versículos 15 y 16).

¿A qué género literario pertenece este relato?

Se trata de una teofanía (teo = Dios; fanía = manifestar): hay una clara manifestación de Jesús como Dios, como el Hijo querido y predilecto del Padre. Los cielos que se abren, la paloma, la voz que viene del cielo… todos signos de que el relato es una teofanía, una manifestación del poder y la centralidad de Dios. Así hay que verlo y abordarlo.

Jesús no necesita una purificación bautismal porque es verdaderamente Dios y no tiene pecado. Sin embargo, como una consecuencia más del misterio de la Encarnación, se somete también a este bautismo donde lo que sucede, como dicen y recuerdan muchos autores de espiritualidad, no son “las aguas” las que santifican a Jesús sino al revés, es Jesús quien santifica “las aguas” que derraman sobre Él.

Así queda de manifiesto la diferencia entre el mero bautismo de purificación (ritual) y el Bautismo Cristiano (verdadero sacramento). En el sacramento recibimos la misma vida trinitaria en nuestro corazón a la vez que se borra en nosotros el pecado original (si es un bebé o un niño pequeño) y también todo pecado actual si es un niño más grande, un joven o un adulto.

Es importante recordar que la palabra bautismo viene de una raíz griega que significa “inmersión” o “sumergirse”. El Bautismo cristiano es una inmersión, un sumergirse en Cristo y en su gracia como espacio de salvación.

Preguntas para la lectura

  • ¿Qué dice Juan al compararse con Jesús? ¿Se presenta como una figura al mismo nivel o parece haber diferencias entre uno y otro? · ¿Con qué bautiza Juan? · ¿Qué otorga el bautismo de Jesús? · ¿Dónde predicaba Juan? ¿Asistía mucha o poca gente a la prédica de Juan? · ¿Qué tenían que hacer los hombres y mujeres antes de ser bautizados por Juan? · ¿Dónde estaba Jesús? ¿Hacia dónde se dirige? · ¿Dónde es bautizado Jesús por Juan? · ¿Qué ocurre cuando Jesús sale del agua? · ¿Qué se escucha cuando Jesús sale de las aguas?

2 – MEDITACIÓN

¿Qué me dice? ¿Qué nos dice?
Preguntas para la meditación

  • ¿Soy consciente de la grandeza de Jesús ante la pequeñez de mi vida? ¿Puedo decir con Juan: “ni siquiera merezco ser su esclavo”?
  • ¿Qué implica el signo del agua en mi vida? ¿Pureza, limpieza, vida, nueva vida, fuerza que arrastra y quita lo malo?
  • ¿Tengo presente que he sido bautizado por Jesús en el Espíritu Santo cuando recibí el Sacramento del Bautismo?
  • ¿Qué lugar ocupa el Espíritu Santo hoy en mi vida espiritual?
  • ¿Intento convertirme de corazón?
  • ¿Confiesas tus pecados cuando te equivocas? ¿Reconoces tus faltas y tus errores ante Dios?
  • ¿Buscas acercarte al Sacramento de la Reconciliación para renovar la gracia bautismal en tu corazón?
  • ¿Das gracias por la purificación de las aguas que hace Jesús como paso al gran regalo de la vida sacramental en la Iglesia?
  • ¿Eres capaz de ver más allá de las apariencias y descubrir en los signos de la vida, la paloma, la apertura del cielo, la predilección del Padre por su Hijo Jesucristo?

.¿“Escucho” la voz de Dios que confirma a un Jesús Mesías, verdadero Dios y verdadero hombre, que viene a salvarme?

3 – ORACIÓN

¿Qué le digo? ¿Qué le decimos?

Una buena oportunidad para hacer oración con este Evangelio puede ser leer un párrafo de la homilía del Papa Benedicto XVI el 13 de enero de 2008, en el marco de la celebración del Bautismo del Señor:
Este es, queridos hermanos, el misterio del bautismo: Dios ha querido salvarnos yendo él mismo hasta el fondo del abismo de la muerte, con el fin de que todo hombre, incluso el que ha caído tan bajo que ya no ve el cielo, pueda encontrar la mano de Dios a la cual asirse a fin de subir desde las tinieblas y volver a ver la luz para la que ha sido creado. Todos sentimos, todos percibimos interiormente que nuestra existencia es un deseo de vida que invoca una plenitud, una salvación. Esta plenitud de vida se nos da en el bautismo.

4 – CONTEMPLACIÓN

¿Cómo interiorizo el mensaje? ¿Cómo interiorizamos el mensaje?

Para interiorizar este mensaje puede ser muy oportuno hacer una oración con la frase final del relato. Hacernos eco de la voz que viene del Cielo, de la voz del Padre eterno que confirma la misión de su Hijo.
Repetimos entonces serenamente y dejando unos instantes de silencio el final del texto:
«Tú eres mi Hijo, a quien quiero mucho. Estoy muy contento contigo.»

5 – ACCIÓN

¿A qué me comprometo? ¿A qué nos comprometemos?

Propuesta personal

  • Buscar memorizar la fecha del propio Bautismo y recordarla siempre con profunda acción de gracias. No dejar de celebrarla el día correspondiente recordando que es el día del nacimiento a la vida nueva de los Hijos de Dios.

Propuesta comunitaria

  • Adquirir grupalmente en tu capilla, comunidad o parroquia, una actitud verdaderamente misionera anunciando y catequizando sobre la importancia del Bautismo como puerta de entrada al mundo sacramental de la fe.

Pbro. Lic. Gabriel Mestre

 

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“Resplandeciendo a través del corazón, la luz del Nombre de Jesús ilumina todo el universo” Sergio Bulgakov

Publicado por NUBE ATHONITA en el grupo de facebook

“En el Antiguo Testamento, como en otras antiguas culturas, existe una estrecha relación entre el alma de alguien y su nombre. La personalidad de uno, con sus peculiaridades y su energía, está presente de alguna manera en su nombre. Conocer el nombre de una persona es adquirir una percepción de su naturaleza, y por tanto una relación con ella -incluso, quizás, un cierto control sobre ella. Esto es por lo que el misterioso mensajero que lucha con Jacob en el vado de Yabboq rehusa revelar su nombre (Gn 32, 29). La misma actitud se refleja en la respuesta del ángel a Manóaj: «¿Por qué me preguntas el nombre? Es misterioso.» (Jc 13, 18). Un cambio de nombre indica un cambio decisivo en la vida de una persona, como cuando Abram se convierte en Abraham (Gn 17, 5), o Jacob se convierte en Israel (Gn 32, 28). De la misma forma, Saulo después de su conversión se convierte en Pablo (Hch 13, 9); y a un monje, cuando profesa, se le da un nuevo nombre, normalmente no de su propia elección, para indicar el cambio radical que experimenta.

En la tradición hebrea, hacer algo en el nombre de otro, o invocar y apelar al nombre de otro, son actos de peso y potencia. Invocar el nombre de una persona es hacer efectivamente a esa persona presente. «Se da vida a un nombre al mencionarlo. El nombre llama inmediatamente al alma que designa; por lo tanto se da tal profundo significado con la sola mención de un nombre.»

Todo lo que es cierto de los nombres humanos es verdad en un grado incomparablemente mayor para el divino Nombre. El poder y la gloria de Dios están presentes y activos en Su Nombre. El Nombre de Dios es numen praesens, Dios con nosotros, Emmanuel. Invocar el Nombre de Dios deliberadamente y con atención es ponerse uno mismo en Su presencia, abrirse uno mismo a Su energía, ofrecerse uno mismo como instrumento y sacrificio vivo en Sus manos.

Tan profundo era el sentido de la majestad del divino Nombre en los últimos tiempos del judaísmo que el tetragrammaton no se decía en voz alta en el culto de la sinagoga: el Nombre del Altísimo se consideraba demasiado abrumador para ser pronunciado. La comprensión hebraica del Nombre pasa del Antiguo Testamento al Nuevo. Los demonios eran arrojados y los hombres curados en el Nombre de Jesús, ya que el Nombre es poder. Una vez que esta potencia del Nombre es debidamente apreciada, muchos pasajes familiares adquieren un significado y una fuerza más plenos: las palabras del Padrenuestro: «Santificado sea tu Nombre»; la promesa de Cristo en la Última Cena: «Lo que pidáis al Padre en mi Nombre, os lo dará» (Jn 16, 23); su mandato final a los apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19); la proclamación de San Pedro de que sólo hay salvación en «el Nombre de Jesucristo Nazareno» (Hch 4, 10- 12); las palabras de San Pablo: «Para que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble» (Flp 2, 10); el nuevo y secreto nombre escrito sobre la piedra blanca que se nos da en el Tiempo que está por Venir (Ap 2, 17)

Es esta reverencia bíblica por el Nombre la que forma la base y el fundamento de la Oración de Jesús. El Nombre de Dios está íntimamente unido a Su Persona, y así la Invocación del divino Nombre posee un carácter sacramental, sirviendo como un signo eficaz de Su invisible presencia y acción. Para el cristiano creyente de hoy, como en los tiempos apostólicos, el Nombre de Jesús es poder. En palabras de los dos Ancianos de Gaza, San Barsanuphius y San Juan (Siglo VI), «El recuerdo del Nombre de Dios destruye completamente todo mal.» «Azotad a vuestros enemigos con el Nombre de Jesús», exhorta San Juan Clímaco, «ya que no existe arma más poderosa en el cielo o en la tierra…”
Kalistos Ware

En honor de la Luz en la Noche sembrada por dos inmensos Maestros de Oración: Diego de Jesús y Óscar del Corazón de Jesús…que en sus nombres de monjes contienen el secreto mismo del Nombre de Jesús y de la Oración del Corazón.

Que esta oscuridad que se cierne sobre nuestro mundo nos haga auténticos aprendices de la oración continua en una nueva Escuela de Oración… la del Sol de Justicia y Misericordia que está llegando pronto…

Señor Jesús, hijo del Dios Vivo, ten piedad de nosotros.

Apuntes de lectio…

1.- “Los monjes percibieron la importancia primordial de la oración para alcanzar la comprensión del texto sagrado. Orígenes ante un pasaje difícil se detenía e invitaba a sus oyentes a orar con él para obtener la comprensión del texto sagrado. Así lo hizo, por ejemplo, antes de dar su explicación sobre el arca de Noé: “Oremos ahora al único que puede quitar el velo de la letra del Antiguo Testamento, y tratemos de encontrar qué provecho espiritual contiene esta magnífica construcción del arca”. El sentido de un texto, según Origenes, lo obtiene el exegeta a  base de buscarlo, y sobre todo rezando para descubrirlo: “Es la Palabra de Dios lo que hay que explicar. Pero solo el que ha inspirado a los autores sagrados puede inspirar a sus intérpretes… En consecuencia, el predicador será ante todo un hombre de oración”. (Desierto y Comunión. Dom L. Leloir, osb. Espiritualidad Monástica)

Riqueza de la Palabra, san Efrén

Comentario al Diatessaron San Efrén siglo IV  Diácono y Doctor dela Iglesia

18. ¿Quién será capaz de abarcar hasta el final todo lo que es posible hallar en una sola de tus palabras? Es mucho más lo que dejamos que lo que tomamos, igual que los sedientos que beben en una fuente. Los rostros de tu palabra son tantos como los de quienes la estudian.

El Señor ha pintado su palabra con multitud de bellezas, para que cada uno de los que la estudia pueda adentrarse por aquella que más le place. Y ha escondido en su palabra toda clase de tesoros, para que cada uno de nosotros, sea por donde sea que meditemos en ella, podamos enriquecernos con ella.

Su palabra es el árbol de la vida, que extiende hacia ti por todos lados los frutos benditos. Y como aquella piedra que fue rasgada en el desierto, que fue para todos, por todos lados, bebida espiritual. (Comieron) un alimento espiritual –dice (la Escritura)–, y bebieron una bebida espiritual.

19. Aquel que encuentra una sola de sus riquezas, no piense que eso es lo único que hay en ella. Más bien, que eso es lo único que él fue capaz de encontrar de las muchas cosas que hay en ella. Y (no crea) que, porque ella le ha enriquecido, él la ha hecho a ella más pobre, sino que esté agradecido a su grandeza por no haber podido alcanzarla. Alégrate porque te has saciado, y no te entristezcas por lo que te ha quedado.

El sediento se alegra de haber bebido, pero no se entristece por no haber sido capaz de agotar la fuente. Que el manantial venza a tu sed, y no venza tu sed a la fuente. Pues si tu sed termina y la fuente no disminuye, podrás beber de nuevo todas las veces que tengas sed. Pero si con tu saciedad se agota la fuente, esa victoria tuya sería para tu mal.

Da gracias por lo que te has llevado, y no murmures de lo que ha quedado de más. Lo que te llevaste al irte es tu parte, lo que se quedó es tu heredad. Lo que no pudiste tomar en un momento por tu debilidad, lo irás tomando a su debido tiempo con tu perseverancia. Y no decidas en tu maldad que, o tomas de una vez lo que no puede ser llevado en una sola vez, o desistes de aquello que podrías irte llevando poco a poco.

 

Juan Bautista

Juan Bautista:

Un profeta que nos exige signos concretos de conversión Lectio de Lucas 3,10-18

LECTIO DIVINA PARA EL 16 DE DICIEMBRE DE 2018 Tercer Domingo de Adviento

Comencemos leyendo atentamente Lucas 3,10-18:

“10 La gente le preguntaba: ‘Pues ¿qué debemos hacer?’
11 Y él les respondía: ‘El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer, que haga lo mismo’.
12 Vinieron también publicanos a bautizarse, y le dijeron: ‘Maestro, ¿qué debemos hacer?’
13 El les dijo: ‘No exijáis más de lo que os está fijado’.
14 Preguntáronle también unos soldados: ‘Y nosotros ¿qué debemos hacer?’ El les dijo: ‘No hagáis extorsión a nadie, no hagáis denuncias falsas, y contentaos con vuestra soldada’.
15 Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo;

16 respondió Juan a todos, diciendo: ‘Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias.
El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
17 En su mano tiene el bieldo para limpiar su era y recoger el trigo en su granero; pero la paja la quemará con fuego que no se apaga’.
18 Y, con otras muchas exhortaciones, anunciaba al pueblo la Buena Nueva”.

Entremos ahora en el corazón del texto… Sigue leyendo “Juan Bautista”

Señora del Silencio…

Madre del Silencio y de la Humildad, Tú vives perdida y encontrada en el mar sin fondo del misterio del Señor… Eres disponibilidad y receptividad. Eres fecundidad y plenitud. Eres atención y solicitud por los hermanos… Estás vestida de fortaleza.

En Ti resplandecen la madurez humana y la elegancia espiritual. Eres Señora de Ti misma antes de ser Señora nuestra. No existe dispersión en Ti… En un acto simple y total, tu alma, toda inmóvil, está paralizada e identificada con el Señor… Está dentro de Dios y Dios dentro de Ti.

El Misterio Total te envuelve y te penetra, te posee, ocupa e integra todo tu ser. Parece que todo quedó paralizado en Ti, todo se identificó contigo: el tiempo, el espacio, la palabra, la mísica, el silencio, la mujer, Dios. Todo quedó asumido en Ti, y divinizado.

Jamás se vio estampa humana de tanta dulzura, ni se volverá ver en la tierra mujer tan inefablemente evocadora. Sin embargo, tu silencio no es ausencia sino presencia… Estás abismada en el Señor, y al mismo tiempo, atenta a los hermanos, como en Caná.

Nunca la comunicación es tan profunda como cuando no se dice nada, y nunca el silencio es tan elocuente como cuando nada se comunica… Haznos comprender que el silencio no es desinterés por los hermanos sino fuente de energía e irradiación; no es repliegue sino despliegue, y que, para derramarse, es necesario cargarse.

El mundo se ahoga en el mar de la dispersión, ya no es posible amar a los hermanos con un corazón disperso… Haznos comprender que el apostolado, sin silencio, es alienación; y que el silencio, sin el apostolado, es comodidad.

Envuélvenos en el manto de tu silencio, y comunícanos la fortaleza de tu Fe, la altura de tu Esperanza, y la profundidad de tu Amor. Quédate con los que quedan, y vente con los que nos vamos… ¡Oh Madre admirable del Silencio!

(P. Ignacio Larrañaga)  Fuente: Facebook. Laura Magaña

El calor que dan la palabras en el corazón…

Mi vida antes de conocer al Señor no era vida. Yo tenía una venda muy negra en los ojos. Vivía en un pozo muy oscuro y no conocía otra cosa. Mi matrimonio era un infierno. He sufrido mucho, mucho. No sé como he podido aguantar tanto…

Una amiga catequista fue quien por primera vez me leyó algo de la Biblia un día en mi casa, y me dijo que aquello era Palabra de Dios. Me sonó en el corazón: eran palabras de amor. Después han pasado muchas cosas: mi marido murió, mis hijos crecieron, soy abuela de tres nietos, vivo sola pero cerca de una hija, y dedico todo el tiempo que puedo a Caritas en mi parroquia. Sólo me importa ayudar a las personas más necesitadas y a la gente que sufre sin sentido. El Señor ha querido que conozca bien las heridas y desgarros del corazón de las personas para que ahora pueda dedicarme a ellas.

Llevo más de tres años orando cada día con la Palabra, especialmente con los salmos. Haciendo oración con ellos me ha pasado de todo. Hay algunos que me los sé de memoria y parece que forman parte ya de mí. Más de una noche he pasado horas enteras repitiendo y repitiendo y poniendo corazón en las palabras de un salmo. La revista me gustó desde el principio y en la parroquia la utilizamos en un grupo de oración. Yo en la Palabra de Dios he encontrado mucho perdón y consuelo. En verdad, no son las palabras, sino el calor que dan las palabras en el corazón. Conchi L.

 (De Según tu Palabra)