La palabra rûaj

Gonzalo Flor Serrano

Esta palabra hebrea tiene muchas significaciones: soplo, viento, aliento (como en griego pneuma y en latín spiritus). “Seguramente en su origen el término significaba el aire, la atmósfera…, elemento misterioso, invisible y, con todo, indispensable para la vida. Realidad impalpable, pero que a veces se impone con la fuerza de la tempestad; realidad cósmica de la cual depende el hombre y que éste jamás puede dirigir a su antojo. Es decir, una fuerza vital en el universo, dependiente de Dios, su creador” (DEB). Es fuerza vital (el aliento, la respiración, el soplo vital, es la señal de la vida), y además tiene que ver con los movimientos del alma: con el ánimo, con la ira, con la tristeza, etc.: “perder el ánimo”, “estar con la respiración agitada”, “quedarse sin respiro”; por eso es sede del sentimiento, del pensamiento, de la voluntad, lo mismo que el corazón o el alma.

Cuando se dice de Dios, el “espíritu” o “aliento” de Dios es, como lo son su mano, su rostro, sus narices, su boca, instrumento de la acción de Dios, es decir, Dios mismo actuando. Actúa, impulsa, invade a los hombres para la salvación del pueblo, hace hablar a los profetas, es fuerza vital y creadora, y revitalizará al pueblo cuando Dios lo derrame sobre él.

El Nuevo Testamento considera que esa gran efusión del Espíritu de Dios (que es la fuerza de Dios que va tomando carácter cada vez más personal) ya se ha producido: primero en Jesús –nacido del Espíritu, guiado por el Espíritu, invadido y ungido por el Espíritu, dador del Espíritu-, y por él en el nuevo pueblo de Dios y en cada uno de sus miembros, lo que se refleja fundamentalmente en Pentecostés.

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El deseo de Dios que invita al deseo de Él

Para mí el amor a la Palabra es narrar la historia de salvación que hace Dios conmigo, que para acercarme a Él y mostrarme a Jesucristo, como el Señor, me abrió el corazón a la Palabra. Me hizo este gran regalo, este don, y desde entonces, hace ya algunos lustros, no me ha abandonado su amor. Es la Palabra la que ama y acogerla es dejarse amar. El Señor tuvo a bien llevarme por este camino, que poco a poco ha ido suscitando en mí una respuesta, pobre, sencilla y humilde, dócil y libre a sus designios de salvación.

Es gustar “cuan bueno y suave es el Señor”, que ha ido sembrando en mi pobre tierra, unas veces camino, otras piedra, otras espino…, su Palabra y con su amor misericordioso la ha ido labrando para que dé fruto y pueda entrar en la obediencia de la fe.

Es una relación de amor, un diálogo de enamorados: “hazme oír tu voz”, leemos en el Cantar. Un diálogo, muy desigual, pero querido por Él: el deseo de Dios que invita al deseo de Él y lo acrecienta cada vez.  De esta manera vamos caminando en fidelidad, la suya siempre fiel, la mía débil, pero sostenida por su amor.

El amor a Jesucristo y su centralidad en mi vida, se va consolidando en la medida en que la Palabra se va haciendo vida en mí. La Palabra me va configurando con Jesucristo y su amor gratuito, hace que en ella encuentre la fuerza en el seguimiento, la alegría y la paz.

La Palabra me ha hecho comprender, que en los pobres y sencillos se complace Dios, por eso como a María me invita a poner la vida al servicio de los hermanos.

Ante tanto derroche de amor, el Espíritu Santo permite que  vaya soltando amarras y en respuesta agradecida ya no tenga más anhelo que dejarme guiar por la Palabra, Jesucristo, el Señor Resucitado y entonar un canto de alabanza.

Sor Esperanza M.

 

Mensaje para la lectio divina (3): Espera y confía cantando

El Espíritu Santo, el Señor y dador de vida, es quien nos hace vivir en el Amor de Dios, quien nos da sus dones, quien lleva la iniciativa, quien nos hace sentir que Él nos amó primero, quien nos lleva de la mano, quien nos va explicando el camino a través de las personas, con palabras humanas, con parábolas de las cosas que vivimos cada día y según cada uno va comprendiendo.

La vida de Dios-con-nosotros no es cuestión de ideas, sino de amor: de luz y calor en el corazón. Jesús no es un libro que enseña y te habla, es el Hijo Amado del Padre, la prueba de que te ama incondicionalmente y con locura. 

Cuando te duela la vida y no comprendas lo que pasa, cuéntale todo con mucho amor a tu Padre del cielo y espera sin dudar que te responda. Espera cantando bajito esta canción al oído del Señor, y ya verás lo que pasa: “Tú palabra me da vida, confío en Tí, Señor. Tu Palabra es eterna en ella esperaré”.

Joaquín E. Urbano

Vivo más intensamente la oración

¿Qué encuentras en la lectura de la Biblia? Me centro en el Evangelio de cada día y en su lectura encuentro la fuerza que necesito para seguir de pie como cristiana. Estamos pasando unos tiempos difíciles en la familia. Mi marido lleva mal estar sin trabajar. Ya son cuatro meses cobrando la prestación por desempleo.

¿Cómo te ayuda el Espíritu Santo en la lectura? Da luz. Veo que ilumina la nueva realidad familiar. Cuando podemos hacer la oración juntos, el Espíritu nos ayuda a ver qué quiere ahora el Señor con todo esto.    

¿Qué tiene que ver con tu vida la Palabra de Dios? Los problemas maduran y hacen crecer la fe. La palabra confianza suena en mi corazón más de verdad, porque veo que el Señor nos cuida. Yo sí continúo en el colegio, pero el ambiente se ha complicado con  mucha gente desesperada y con miedo al futuro. Ahora vivo más intensamente la oración. Charo L 

Alabanzas y Salmos

Te lo digo con las mismas palabras de este salmo, desde un pueblo de Cádiz, en primavera, y desde lo más hondo de mi ser: “¡Cuántas son tus obras, Señor! Todas las hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas!”

Orar con los salmos es como cantarte con música que sale del corazón y la letra que leemos en las Santas Escrituras de tu Palabra. Gracias, Señor, por los salmos. El que no reza es porque no quiere. Nos das hasta lo que tenemos que decirte. Sólo hay que hacer que sucedan estos cánticos y oraciones en nuestro corazón y dejar que lleguen como incienso a tu presencia. Sólo tenemos que fundir nuestros sentimientos con los tuyos en las palabras del salmo. A veces, me arrancas a bailar y a cantarte por bulerías.

¡Qué bien haces las cosas, Señor! ¡Qué grande eres! Que los salmos me emocionen y enciendan el corazón de alguien como yo, es una maravilla sin ruido, un milagro silencioso, de esos que ocurren cada día, y que solo se comprenden en tu amor. Lola G.

 

Mensaje para la lectio divina (2): Ir leyendo en escucha y oración

Es en la oración donde el Espíritu funciona, donde el Espíritu trabaja, donde el Espíritu no para de hacer nuevas las cosas. Es orando la vida que llevas y las cosas que pasan en tu corazón cuando el Espíritu actúa y te lo va explicando todo. Es viviendo en pobreza la oración cuando se aprende a dejar hacer a Dios y a tener experiencia de su misericordia, de su mano sobre la tuya. El  poder de su Palabra actúa sin hacer ruido, con naturalidad, de verdad de la buena, con mucha delicadeza y con amor entrañable que se nota por dentro.

Cuando brote la oración, ve diciendo al oído del silencio: Gracias, Señor, por ocuparte de mi…  

 No es el dinero, ni el bienestar, ni el éxito profesional, ni tu poder, ni tu fuerza, ni el tener de todo, ni el vivir bien, ni el sentirte a gusto contigo mismo… Es el amor del Amor de Dios, es que el Espíritu te enciende el corazón para que tú lo pongas en todo lo que haces durante el día. La Vida de la Palabra de Dios entre nosotros es cuestión de amor, de servicios concretos, de darse, de entregarse, de olvidarse de uno mismo, de ser buena gente, de estar pendiente del otro, de compartir lo que Dios te da, de caminar al paso de quien tienes cerca. 

 Cuando miras tu forma de vida con el Señor que te habla en la lectura, verás cómo te va atrayendo caminar según su corazón…

Joaquín E. Urbano

Mensaje para la lectio divina (1): Nada es imposible para el Dios que nos habla

En la Palabra hay poder del Espíritu Santo para convertir tu vida. Lo importante no es lo que tú puedes, lo que tú sabes o lo que tú tienes… Lo más importante de todo es el poder del Espíritu para dar vida, para hacer de nuevo, para generar actitudes de perdón, de misericordia, de entrega, de servicio, de bondad, de verdad, de amor, de mucho amor, de mucha luz en los momentos más oscuros.

Al leer la Biblia, ve preguntando al Señor en tu corazón: ¿Por qué tengo miedo si nada es imposible para Tí?

La Palabra de Dios es Espíritu y Vida. Cuando peor estás, cuando las cosas te van mal, cuando hay cosas de la vida que te hieren el corazón, cuando ya no puedes más, es cuando mejor vas a poder abrirte a las sorpresas de Dios, al poder misericordioso de su Espíritu. Él sólo quiere hacer en tu vida la de Jesús: su liberación, su victoria, su muerte y resurrección por ti. Él, con mucho respeto por ti, por tus procesos, tus tiempos, y tus formas de entender, solo quiere darte vida en abundancia.

Cuando te vayas abriendo a la escucha del Señor en la Palabra, ve preguntándo desde el interior de tu corazón: ¿Por qué tengo miedo si nada es imposible para Tí?