Promesas de consuelo y alegría…

Mi nombre es Rosalía y puedo decir que la Palabra de Dios tiene un poder especial y hace sonar en el corazón que Dios te ama cuando se están viviendo momentos de problemas y sufrimientos, cuando la vida te duele… Esto que dice el salmo lo he vivido en muchas ocasiones: “Serán mis delicias tus mandatos… Este es mi consuelo en la aflicción: que tu promesa me da vida… Recordando tus mandamientos, Señor, quedé consolado…”

Todos leemos las mismas palabras del mismo versículo de la misma Biblia, pero no todos disfrutamos del efecto que producen. La Palabra de Dios tiene un poder muy especial de gozo interior y consuelo que los afligidos comprendemos mejor que nadie. En la Biblia leemos verdades muy grandes, pero hay palabras que tienen un sentido especial cuando se está pasando mal, cuando los golpes te martillean en las heridas de la vida: la soledad, el miedo, la enfermedad, la incomprensión, la falta de amor y perdón…

Sí, yo puedo contar que hay promesas de Dios que dan alegría y serenan el espíritu. Dan un consuelo que no se encuentra en los libros de teología, en los manuales de autoayuda, ni en los consejos y buenas palabras que tanta gente, en plan psicólogo, quiere darte cuando vives entre problemas. El consuelo de la Palabra de Dios es real, pone aceite en las heridas, suaviza las cosas, y se nota por dentro, porque da tranquilidad y te vienen fuerzas que abren puertas y salidas que antes estaban cerradas y oscuras. Conocer a Jesús como Palabra de Dios es el mayor consuelo.

La Palabra me da vida, porque me hace más humana, me saca de mí misma, me enseña a contar para todo con la ayuda de Dios y me mueve a acercarme a las personas como hermana. A lo largo de los años, el Señor va sanando mi corazón y convirtiéndolo a Él en la oración. La lectura y escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y mi vida familiar son como el taller en el que el Señor va trabajando mi corazón. Dedicar un tiempo cada día a la oración es para mí lo primero para caminar en el Señor. Sin este rato todo son palabras, reuniones, buenos propósitos y doble vida. La voluntad y los planes de Dios se van haciendo mis delicias en la oración. En la presencia de Dios le encuentro sentido a las miserias y pobrezas de mi vida. Tengo dos hijas y doy clases de inglés en un colegio. Mi marido tiene una librería en la que también ayudo. Ojalá puedan servir a otros estas cosas que el Señor enseña en la oración, porque ahí se me hace real y de cada día. Rosalía D.

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