El Espíritu Santo inspira la Escritura y la Escritura expira Espíritu Santo

El Espíritu Santo que habló por los profetas, inspiró la Santa Escritura. La Biblia está preñada no sólo por el Espíritu. La Biblia, como María, está embarazada del Espíritu Santo, con el Ruaj divino. Pero la Biblia también expira Espíritu Santo: San Pablo afirma que “los que escucharon la Palabra de la verdad, la Buena Nueva de la Salvación, fueron sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (Ef 1,13). ¿Quiénes fueron sellados y tatuados por el Espíritu Santo? Los que escucharon la Palabra de Dios.

Cuando se proclama la Palabra, la Palabra de Dios, que es fuerza de Dios para la salvación (Rom 1,16), irrumpe el viento huracanado en la comunidad, como sucedió en la casa de Cornelio, en Cesarea, cuando Pedro predicaba, y antes de que terminara su discurso, cayó intempestivamente el Espíritu sobre los que escuchaban la Palabra (Hech 10, 44). ¿Cuántas veces ha caído el Espíritu Santo mientras predicamos o enseñamos?

Cito a un buen amigo, el obispo colombiano Alfonso Uribe Jaramillo que preguntaba: ¿Por qué Pedro con un discurso convirtió a tres mil personas, y nosotros con tres mil discursos no convertimos a nadie? Yo, antes, con mi control trataba de dirigir al Espíritu. Yo había amarrado al Espíritu. Quería controlarlo. Pero gracias a Dios, seducido por la Palabra, dejé de intentar controlar al Espíritu y solté el globo, para que el Ruaj de Dios soplara como quisiera, aunque yo no supiera de dónde venía ni adónde iba.

Cada uno de ustedes tiene un globo que simboliza la Palabra de Dios. Ínflenlo para significar que la Palabra de Dios está inspirada por el Espíritu, llena del Ruaj de Dios. Ínflenlo, para no olvidar que la Palabra está embarazada del Espíritu Santo, como María, la madre de la Palabra que se hizo carne. Ahora, tienen una opción que cada uno va a tomar: o lo atas, para simbolizar que quieres controlarlo, que es sólo para las fiestas, un simple adorno o un vitral de tu parroquia. O lo sueltas, para que vaya a donde quiera, como quiera y cuando quiera. Tú decides. Lo peor sería que simplemente lo guardaras en un librero. Tú decides: amárralo o suéltalo…

José H. Prado Flores. www.evangelización.net

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