El deseo de Dios que invita al deseo de Él

Para mí el amor a la Palabra es narrar la historia de salvación que hace Dios conmigo, que para acercarme a Él y mostrarme a Jesucristo, como el Señor, me abrió el corazón a la Palabra. Me hizo este gran regalo, este don, y desde entonces, hace ya algunos lustros, no me ha abandonado su amor. Es la Palabra la que ama y acogerla es dejarse amar. El Señor tuvo a bien llevarme por este camino, que poco a poco ha ido suscitando en mí una respuesta, pobre, sencilla y humilde, dócil y libre a sus designios de salvación.

Es gustar “cuan bueno y suave es el Señor”, que ha ido sembrando en mi pobre tierra, unas veces camino, otras piedra, otras espino…, su Palabra y con su amor misericordioso la ha ido labrando para que dé fruto y pueda entrar en la obediencia de la fe.

Es una relación de amor, un diálogo de enamorados: “hazme oír tu voz”, leemos en el Cantar. Un diálogo, muy desigual, pero querido por Él: el deseo de Dios que invita al deseo de Él y lo acrecienta cada vez.  De esta manera vamos caminando en fidelidad, la suya siempre fiel, la mía débil, pero sostenida por su amor.

El amor a Jesucristo y su centralidad en mi vida, se va consolidando en la medida en que la Palabra se va haciendo vida en mí. La Palabra me va configurando con Jesucristo y su amor gratuito, hace que en ella encuentre la fuerza en el seguimiento, la alegría y la paz.

La Palabra me ha hecho comprender, que en los pobres y sencillos se complace Dios, por eso como a María me invita a poner la vida al servicio de los hermanos.

Ante tanto derroche de amor, el Espíritu Santo permite que  vaya soltando amarras y en respuesta agradecida ya no tenga más anhelo que dejarme guiar por la Palabra, Jesucristo, el Señor Resucitado y entonar un canto de alabanza.

Sor Esperanza M.

 

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Mensaje para la lectio divina (3): Espera y confía cantando

El Espíritu Santo, el Señor y dador de vida, es quien nos hace vivir en el Amor de Dios, quien nos da sus dones, quien lleva la iniciativa, quien nos hace sentir que Él nos amó primero, quien nos lleva de la mano, quien nos va explicando el camino a través de las personas, con palabras humanas, con parábolas de las cosas que vivimos cada día y según cada uno va comprendiendo.

La vida de Dios-con-nosotros no es cuestión de ideas, sino de amor: de luz y calor en el corazón. Jesús no es un libro que enseña y te habla, es el Hijo Amado del Padre, la prueba de que te ama incondicionalmente y con locura. 

Cuando te duela la vida y no comprendas lo que pasa, cuéntale todo con mucho amor a tu Padre del cielo y espera sin dudar que te responda. Espera cantando bajito esta canción al oído del Señor, y ya verás lo que pasa: “Tú palabra me da vida, confío en Tí, Señor. Tu Palabra es eterna en ella esperaré”.

Joaquín E. Urbano