Alabanzas y Salmos

Te lo digo con las mismas palabras de este salmo, desde un pueblo de Cádiz, en primavera, y desde lo más hondo de mi ser: “¡Cuántas son tus obras, Señor! Todas las hiciste con sabiduría, la tierra está llena de tus criaturas!”

Orar con los salmos es como cantarte con música que sale del corazón y la letra que leemos en las Santas Escrituras de tu Palabra. Gracias, Señor, por los salmos. El que no reza es porque no quiere. Nos das hasta lo que tenemos que decirte. Sólo hay que hacer que sucedan estos cánticos y oraciones en nuestro corazón y dejar que lleguen como incienso a tu presencia. Sólo tenemos que fundir nuestros sentimientos con los tuyos en las palabras del salmo. A veces, me arrancas a bailar y a cantarte por bulerías.

¡Qué bien haces las cosas, Señor! ¡Qué grande eres! Que los salmos me emocionen y enciendan el corazón de alguien como yo, es una maravilla sin ruido, un milagro silencioso, de esos que ocurren cada día, y que solo se comprenden en tu amor. Lola G.

 

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