Lectio de Juan 13,31-35 Domingo 5º Pascua C

Introducción

El tema del discipulado vuelve al primer plano en este domingo: “En esto conocerán todos que sois discípulos míos” (Juan 13,35).

La clave es “el amor”: “Si os tenéis amor los unos por los otros” (Juan 13,35b). Respuesta clara y contundente. Sin embargo: se habla tanto de amor hoy, ¿de qué tipo de amor estamos hablando? ¿Dónde está la novedad? ¿Cuál es su fundamento? ¿Es posible amar de esa manera?

Nos pueden motivar para entrar en el estudio del evangelio de este domingo las palabras del Papa Benedicto XVI:

“La fe, que hace tomar conciencia del amor de Dios revelado en el corazón traspasado de Jesús en la cruz, suscita a su vez el amor. El amor es una luz —en el fondo la única— que ilumina constantemente a un mundo oscuro y nos da la fuerza para vivir y actuar. El amor es posible, y nosotros podemos ponerlo en práctica porque hemos sido creados a imagen de Dios” (Encíclica “Dios es Amor” No.39).

Sumerjámonos con gozo en el estudio de uno de los pasajes quizás más leídos de los evangelios, el del “mandato del amor”. Sigue leyendo “Lectio de Juan 13,31-35 Domingo 5º Pascua C”

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Cosas de lectiocaminantes

11.- EN LA COMPAÑÍA DE CRISTO: “La práctica de la Lectio Divina no está diseñada para aprender algo a nivel conceptual. Tampoco es un estudio de la Biblia, útil en otras ocasiones. Es, sencillamente, encontrarse en la compañía de Cristo y utilizar los textos como tema de conversación. El mismo Espíritu que inspiró el texto está dentro de nosotros y nos inspira a comprender lo que el Espíritu nos desea comunicar día a día. (Thomas Keating)

 “Es una forma tradicional de cultivar la amistad de Cristo. Es un medio de escuchar los textos de la Escritura como si nosotros estuviéramos en conversación con Cristo y Él mismo estuviera sugiriéndonos los temas de conversación. El encuentro diario con Él y la reflexión sobre Su Palabra, nos lleva más allá de un mero conocimiento a una actitud de amistad, confianza y amor. La conversación se simplifica y se convierte en comunión.
A través de la Lectio Divina Dios nos sana, libera, ama y con amor nos confronta e interpela, nos mueve gradualmente al cambio y a la conversión.

(www.extensioncontemplativainternacional.org)

 

LECTIO DIVINA Juan 10,27-30 Domingo 4 de Pascua (12 mayo 2019)

Celebramos hoy el domingo del Buen Pastor con el tema del discipulado, la misión y la vida. Cada año, en el cuarto domingo de Pascua, leemos una parte del capítulo 10 de Juan, cuyo tema es “Jesús, Buen Pastor”.  El pasaje propio de este año (Juan 10,27-30), se centra en la responsabilidad del Pastor.

El mensaje del pasaje podríamos sintetizarlo así: la intimidad que existe entre el Padre y el Hijo se extiende a todos los discípulos, en esta intimidad hay “conocimiento”, “vida” y “poder” (=que da seguridad contra las amenazas externas). ¿Cómo lo hace? El Pastor le da la vida del Padre a todos los que escuchan su voz. La escucha genera seguimiento. El seguimiento de Jesús conduce a la comunión con Dios, de quien proviene la vida. Nosotros no podremos ser separados del amor (=vida) que une al Padre y el Hijo, y que nos une a ellos. La “mano” poderosa del Pastor no permitirá que esa separación llegue a suceder.

Pongámonos a la escucha del texto de Juan 10,27-30: Sigue leyendo “LECTIO DIVINA Juan 10,27-30 Domingo 4 de Pascua (12 mayo 2019)”

Lectio divina Jn 21,1-9

LECTIO DIVINA Juan 21, 1-19
3 Domingo de Pascua. Ciclo C.  5 Mayo 2019

Jesús se aparece a siete de sus discípulos

1 Poco tiempo después, Jesús se apareció a los discípulos a la orilla del lago de Tiberiades. Esto fue lo que sucedió:

2 Estaban juntos Simón Pedro, Tomás el Gemelo, Natanael, que era del pueblo de Caná de Galilea, Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, y otros dos discípulos de Jesús.
3 Pedro les dijo: —Voy a pescar. —Nosotros vamos contigo —dijeron ellos. Todos subieron a una barca y se fueron a pescar. Pero esa noche no pudieron pescar nada.
4 En la madrugada, Jesús estaba de pie a la orilla del lago, pero los discípulos no sabían que era él.
5 Jesús les preguntó: —Amigos, ¿pescaron algo? —No —respondieron ellos.

6 Jesús les dijo: —Echen la red por el lado derecho de la barca, y pescarán algo. Los discípulos obedecieron, y después no podían sacar la red del agua, pues eran muchos los pescados.

7 Entonces el discípulo favorito de Jesús le dijo a Pedro: «¡Es el Señor Jesús!» Cuando Simón Pedro oyó que se trataba del Señor, se puso la ropa que se había quitado para trabajar, y se tiró al agua.

8 Los otros discípulos llegaron a la orilla en la barca, arrastrando la red llena de pescados, pues estaban como a cien metros de la playa.
9 Cuando llegaron a tierra firme, vieron una fogata, con un pescado encima, y pan.
10 Jesús les dijo: «Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar.»
11 Simón Pedro subió a la barca y arrastró la red hasta la playa. Estaba repleta, pues tenía ciento cincuenta y tres pescados grandes. A pesar de tantos pescados, la red no se rompió.
12 Jesús les dijo: «Vengan a desayunar». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era; ¡bien sabían que era el Señor Jesús!
13 Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio a ellos, y también les dio el pescado.
14 Esa era la tercera vez que Jesús se aparecía a sus discípulos después de haber resucitado.

Jesús y Pedro

15 Cuando terminaron de desayunar, Jesús le preguntó a Pedro: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos? Él le respondió: —Sí, Señor. Tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: —Entonces cuida de mis seguidores, pues son como corderos.

16 Jesús volvió a preguntarle: —Simón, hijo de Juan, ¿me amas? Pedro le contestó: —Sí, Señor. Tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: —Entonces cuida de mis seguidores, pues son como ovejas.
17 Por tercera vez le dijo: —Simón, hijo de Juan, ¿me quieres? Pedro se puso muy triste de que tres veces le había preguntado si lo quería. Entonces le contestó: —Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero. Jesús le dijo: —Cuida de mis ovejas.

18 Cuando eras joven, te vestías e ibas a donde querías. Pero te aseguro que, cuando seas viejo, extenderás los brazos y otra persona te vestirá, y te llevará a donde no quieras ir.
19 Jesús se refería a cómo iba a morir Pedro, y cómo de esa manera iba a honrar a Dios. Después le dijo a Pedro: —Sígueme.

1 – LECTURA

¿Qué dice el texto?

Pistas para la lectura

Queridos hermanos:

La narración de este Domingo nos presenta dos partes diferenciadas pero relacionadas entre sí:

  • La pesca milagrosa (versículos 1 al 14).
  • Diálogo entre Jesús y Pedro (versículos 15 al 19).

En la primera parte podemos intuir al comienzo la situación de desazón y desesperanza de Pedro y los demás discípulos. Apostaron su vida al Señor y este ha muerto y se terminó todo. A pesar de que se ha aparecido, todavía siguen las dudas y las incertidumbres. Hasta tal punto es la angustia que Pedro decide volver atrás. Vuelve a pescar que era la tarea que realizaba antes de que el Señor lo llamara. Y los demás van con él. Los arrastra atrás, a una vida sin Cristo el Señor. Van a pescar y no obtienen nada. Están toda la noche y la pesca no es exitosa.

Por la madrugada, Jesús desde la orilla les dice que echen las redes del otro lado de la barca. Así lo hacen y la respuesta es maravillosa: tal es la cantidad de peces que no podían sacar la red. El discípulo favorito de Jesús reconoce que es el Señor.

Pedro entonces sale rápidamente a su encuentro pero no dice nada. Jesús los está esperando a la orilla con un “desayuno” muy bien preparado. Les da el pan y el pescado, les da de comer, los alimenta y no se atreven a preguntarle nada.

En la segunda parte del relato la acción se concentra en Jesús y Pedro. El Señor lo “encara” directamente y le pregunta tres veces si realmente lo ama. Es interesante esta triple pregunta dado que permitirá sanar en el corazón de Pedro la triple negación. Pedro ha madurado, se ha arrepentido y se ha hecho cargo de su pecado. Ahora el Señor le da la posibilidad de ratificar tres veces que realmente lo ama. La respuesta positiva de Pedro lleva a una reflexión clara de Jesús que le vaticina cuál va a ser su suerte: Pedro va a morir por Cristo y honrando a Dios. En esta renovación de su propuesta, Jesús lo vuelve a invitar a su seguimiento y a apacentar a sus ovejas.

Preguntas para la lectura

1 ¿Dónde se aparece ahora Jesús?
2 ¿Qué discípulos se nombran al comienzo del relato?
3 ¿Cuál es el estado de ánimo de estos discípulos?
4 ¿Qué estaban haciendo?
5 ¿Qué decide hacer Pedro? ¿Qué comentan los demás?

6 ¿En qué momento del día ocurre todo esto?

7 ¿Logran pescar algo esa noche?
8 ¿Quién les habla desde la orilla?
9 ¿Qué les dice?
10 ¿Qué ocurre cuándo tiran la red por el lado derecho de la barca?

11 ¿Quién se da cuenta que es Jesús el que está hablándoles desde la orilla?
12 ¿Qué hace Pedro en este momento?
13 ¿Cuántos pescados arrastraba la red?
14 ¿A qué los invita el Señor?

15 Los discípulos: ¿le preguntan algo al Señor?

16 ¿Qué hace Jesús con el pan y el pescado asado?
17 ¿Qué ocurre cuando terminan de desayunar?
18 ¿Qué le pregunta a Pedro el Señor?
19 ¿Cuántas veces se lo pregunta?
20 ¿Por qué se lo pregunta tres veces?

21 ¿Qué le dice finalmente el Señor?
22 ¿Qué invitación renueva Pedro al final del relato?

2 – MEDITACIÓN

¿Qué me dice? ¿Qué nos dice?
Preguntas para la meditación
1. ¿Cómo está mi ánimo hoy?
2. Cuando tengo problemas y dificultades: ¿tiendo a volverme hacia atrás? ¿Vivo atado a mi pasado? ¿Qué puede significar para mí hoy “volver a pescar”?
3. En los momentos de crisis y de angustia: ¿arrastro también a los demás a la misma experiencia o busco que se sobrepongan?
4. ¿Escucho la voz del Señor? ¿Dejo que me enseñe y me instruya?
5. ¿A qué me invita hoy? ¿Dónde tendré que “echar” las redes de mi vida para que la “pesca sea fecunda”?

  1. ¿Me dejo sorprender por la sobreabundancia, fecundidad y generosidad de Dios?
  2. ¿Reconozco la voz del Señor?
    8. ¿Me “lanzo”, me “tiro”, me “catapulto” a su encuentro?
    9. ¿Qué respondo ante la invitación de Jesús de ir a desayunar? ¿Qué implica para mí hoy que el Señor me invite a comer dándome el pan y el pescado?
    10. ¿Dónde descubro hoy la presencia de Jesús resucitado?
  3. ¿Dejo que el Señor me lleve aparte, como hace con Pedro, para dialogar conmigo?
    12. ¿Dejo que me pregunte? ¿Qué me puede estar preguntando hoy el Señor?
    13. ¿Cómo reacciono ante la triple pregunta de Jesús? ¿Realmente amo al Señor?
    14. ¿Qué significa que tenga que cuidar a los seguidores de Jesús que son como ovejas y corderos?
    15. ¿Soy capaz de relacionar esta triple profesión de amor con las múltiples situaciones en las que puedo haber “negado” al Señor como lo hizo Pedro?
    16. Como Pedro hoy soy invitado a renovar el seguimiento de Cristo, se me desafía a ser un auténtico discípulo: ¿Qué le digo al Señor?

3 – ORACIÓN

¿Qué le digo? ¿Qué le decimos?
Para orar, sobre todo con la segunda parte del relato, puede ser propicia la relectura de las negaciones de Pedro al Señor durante la Pasión:

Lucas 22,54-62

Pedro niega que conoce a Jesús

54 Los que arrestaron a Jesús lo llevaron al palacio del jefe de los sacerdotes. Pedro los siguió desde lejos.
55 Allí, en medio del patio del palacio, habían encendido una fogata, y se sentaron alrededor de ella. Pedro también se sentó con ellos.
56 En eso, una sirvienta vio a Pedro sentado junto al fuego, y mirándolo fijamente dijo:—Este también andaba con Jesús.
57 Pedro lo negó:—¡Mujer, yo ni siquiera lo conozco!
58 Al poco rato, un hombre lo vio y dijo:—¡Tú también eres uno de los seguidores de Jesús! Pedro contestó:—¡No, hombre! ¡No lo soy!
59 Como una hora después, otro hombre insistió y dijo:—Estoy seguro de que este era uno de sus seguidores, pues también es de Galilea.

60 Pedro contestó:—¡Hombre, ni siquiera sé de qué me hablas! No había terminado Pedro de hablar cuando de inmediato el gallo cantó.
61 En ese momento, Jesús se volvió y miró a Pedro. Entonces Pedro se acordó de lo que Jesús le había dicho: «Hoy, antes de que el gallo cante, vas a decir tres veces que no me conoces.»
62 Pedro salió de aquel lugar y se puso a llorar con mucha tristeza.

Oremos con la actitud de Pedro y con la nuestra pero en la dinámica del Evangelio que hoy nos invita a sanar las negaciones del Señor con nuestra triple profesión de amor.

4 – CONTEMPLACIÓN

¿Cómo interiorizo el mensaje? ¿Cómo interiorizamos el mensaje?

Para interiorizar la Palabra de este Domingo utilizaremos el último término que nos regala la narración. Nada más y nada menos que la invitación de Jesús a seguirlo. El Señor hoy nos dice a cada uno de nosotros: ¡Sígueme!

A pesar de nuestras faltas, nuestras “negaciones” el Señor siempre renueva en nosotros, como lo hace con Pedro, el camino del seguimiento.

Por eso en un momento de silencio, en un lugar tranquilo, en la presencia del Señor, escuchemos de sus labios con los oídos de la fe la invitación del Señor a seguirlo.

5 – ACCIÓN

¿A qué me comprometo? ¿A qué nos comprometemos?

Propuesta personal

  • Preguntarme con serenidad y seriedad quiénes son los seguidores de Jesús, que son como ovejas y corderos, que yo hoy de manera particular debo cuidar y apacentar. Amigos, familiares, algún grupito o personas a mi cargo en algún aspecto ¿Lo estoy haciendo? ¿Lo estoy haciendo bien?

Propuesta comunitaria

  • Comentar en tu grupo de jóvenes esta tentación tan humana de volver atrás en el seguimiento de Cristo cuando hay algún problema y dificultad. La actitud de Pedro al comienzo del relato que arrastra a los demás discípulos. ¿En qué situaciones puede pasarnos esto? ¿Qué hacemos? ¿Cómo reaccionamos? ¿Qué debemos hacer para no quedar “atados” a nuestro pasado sin Cristo?

Pbro. Lic. Gabriel Mestre

 

Cosas de lectiocaminantes

10.- RUMIAR: “La antigua literatura ascética compara con frecuencia la meditación con la lenta manducación y digestión semejante a la rumia animal, por la cual la Palabra aprendida pasa figuradamente de la boca al corazón hasta impregnarlo por completo. Como escribe san Agustín, ‘quien medita la Palabra día y noche, de algún modo rumia, y el buen gusto llena el paladar de su corazón’. La rumia resalta, pues, la dimensión interiorizadora que tiene la meditación insistente, cuyo objeto, más allá del simple aprendizaje, es grabar los textos en el corazón y crear hábitos mentales y existenciales conformes con la Escritura. Mientras en la lectura la Palabra es comida, en la meditación es interiorizada, digerida, como recuerda el mismo Agustín: ‘Cuando escuchas o lees, comes; cundo meditas lo que acabas de oír, rumias’

El lento y pausado masticar indica que la meditación no es una repetición mecánica y precipitada de textos, sino un ejercicio pausado y constante, hecho con atención y conciencia: “En el corazón”, dice la carta de Bernabé, en la sede de la interioridad. En este sentido, un antiguo apotegma de san Antonio abad compara el camello con el caballo, para concluir que los monjes han de imitar en su meditación la lenta asimilación del primero, evitando el mucho comer y poco asimilar del segundo:

Al camello le hace falta poca comida: la conserva en su interior hasta que entra en su establo, donde la regurgita y la rumia hasta que penetra en sus huesos y en sus carnes. El caballo, en cambio, necesita mucha comida: come a todas horas y pierde en seguida todo lo que ha comido. Por tanto, no seamos como el caballo, recitando a todas horas las palabras del Señor pero sin cumplir ninguna. Asemejémonos al camello, recitando cada una de las palabras de la Sagrada Escritura y conservándolas en nuestro interior hasta que la hayamos cumplido.

La interiorización requiere más que una repetición mecánica; requiere conciencia, consideración, comprensión de lo que se masculla con la boca. Así, se dice de Abrahán el ermitaño (siglo IV) que rumiaba las palabras en una meditación atenta…

Fuente: La lectio divina ayer y hoy. Antonio Mª Martín. Edit. Verbo Divino.

 

Cosas de lectiocaminantes

9.- ESFUÉRZATE EN LA LECTIO: “Orígenes, uno de los maestros en este modo de leer la Biblia, sostiene que entender las Escrituras requiere, más incluso que el estudio, la intimidad con Cristo y la oración. En efecto, está convencido de que la vía privilegiada para conocer a Dios es el amor, y que no se da una auténtica scientia Christi sin enamorarse de Él. En la Carta a Gregorio, el gran teólogo alejandrino recomienda: «Dedícate a la lectio de las divinas Escrituras; aplícate a esto con perseverancia. Esfuérzate en la lectio con la intención de creer y de agradar a Dios. Si durante la lectio te encuentras ante una puerta cerrada, llama y te abrirá el guardián, del que Jesús ha dicho: “El guardián se la abrirá”. Aplicándote así a la lectio divina, busca con lealtad y confianza inquebrantable en Dios el sentido de las divinas Escrituras, que se encierra en ellas con abundancia. Pero no has de contentarte con llamar y buscar. Para comprender las cosas de Dios te es absolutamente necesaria la oratio. Precisamente para exhortarnos a ella, el Salvador no solamente nos ha dicho: “Buscad y hallaréis”, “llamad y se os abrirá”, sino que ha añadido: “Pedid y recibiréis”.

Benedicto XVI. Verbum Domini 86-87.

Lectio divina Domingo II Pascua C

Lectio divina Domingo II Pascua C

http://www.monasteriozenarruza.net

 LECTURA:   “Juan 20, 19‑31”

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.» Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.» Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.» Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

MEDITACIÓN: “Dichosos los que crean”

Siguen los encuentros, los rechazos a creer lo que no puede ser fácilmente creíble, la alegría, la paz y el desconcierto por todo lo que se experimenta y, también, las lecciones y aprendizajes. El aprendizaje a vivir más hondamente desde la fe de los testigos, algo esencial para nosotros.

Jesús no va a estar apareciéndose continuamente, y los creyentes tendrán que ir aprendiendo a creer apoyados en la fe de los testigos. No será difícil o, por lo menos, no tanto como a nosotros, porque aquellos discípulos van a sufrir un giro trascendental en sus vidas, del que ellos mismos debieron quedar desconcertados, y contagiarán certeza. Habrá que fiarse del testimonio de los testigos y de la propia palabra de Jesús, que va a garantizar su presencia a través de la fuerza del Espíritu, por el cual van a poder continuar la misma acción y poder de Jesús, expresado en el perdón. Son muchas cosas, demasiadas para unos pobres hombres que no somos capaces de ver mucho más allá de nosotros mismos y que fácilmente nos bloqueamos ante lo que se nos escapa a nuestras posibilidades. Señal, por otra parte, de que lo que viven no parte de ellos, porque ni se les ocurriría, parte de la experiencia del resucitado.

Desde todo ello, la afirmación de Jesús a todos, apoyado en la actitud de Tomás,  es muy importante y consoladora, porque creer en él y en su realidad de resucitado nos abre a una dimensión nueva de la vida. Lo sabemos porque lo experimentamos. La fe, no es una parcela que agregamos a nuestra vida, sino que se convierte en nuestra forma de vivir. Vivimos por la fe y desde la fe en Cristo, que nos lleva a asumir e integrar su palabra y su vida en nuestra vida. Significa el empeño por hacer nuestra vida fijos los ojos en él que, resucitado, ha abierto el sentido de nuestra existencia y el horizonte de la esperanza, de nuestra propia resurrección con él, el sentido de nuestra dignidad de hijos y de nuestra consumación en él. Nuestro horizonte se viste de luz y nuestro presente adquiere una fuerza especial que trastoca o intentamos que trastoque todo lo que somos y hacemos desde el amor. Y eso es una suerte, es una bendición, es una gracia, es una dicha para nosotros y quienes están con nosotros. Desde ahí asumimos nuestra vida como tarea, nos descubrimos con capacidad de crecer, de conformarnos cada vez más a Cristo, y nuestras limitaciones, nuestros pecados, nos espolean como llamadas dolorosas  a convertirnos, a trabajarnos.

Si Cristo no hubiese resucitado todo ello nos podía resultar indiferente, como lo es para el que no cree. Sí, la fe nos adentra en una experiencia de felicidad que nos permite experimentar que nos hemos encontrado con lo mejor que nos podía pasar. Y en ese camino, también lo sabéis, el resucitado nos sale al paso de tal manera que, tarde o temprano sentimos su presencia en nosotros. Gracias a ello, la fe apoyada en los testigos pasa a convertirse en fe personal, en experiencia cierta y gozosa, transformadora, que se trasluce y nos convierte en testigos no sólo de lo que creemos sino de lo que vivimos. Sí, dichosos porque creyendo sin ver hemos terminado viendo a quien creemos.

ORACIÓN:  “Alientas mi vida”

Señor, a la luz de esta palabra puedo decirte, porque lo sabes, que creo. Creo sin haber visto, pero creo sobre todo porque te he visto, porque me has permitido sentir tu realidad, tu cercanía, tu paz, tu inmensa alegría, tu aliento de vida, tu ternura, tu compasión y tu misericordia. Y lo puedo decir porque no es consecuencia de que sea especial, no puedo esconder, y también lo sabes, mis sombras, mi realidad de pecado, mis incoherencias, mi mal. Y tú, en medio de mi realidad, por ella y a pesar de ella, te has querido acercar a mí para sanarme, y así me has ido atrayendo a ti, por puro amor de Padre, de Dios. Sí, creo, creo porque he visto y sentido, a pesar de mis dudas y de mis negaciones, a pesar de mí mismo, que alientas mi vida. Hoy puedo afirmar con el profeta “que me has seducido y me he dejado seducir”, y que mi fe, mi pobre fe, es el mejor regalo que me ha dado la vida, que me has dado tú. Gracias, Señor.

CONTEMPLACIÓN:  “Creo, Señor”

Creo, Señor, creo en ti resucitado, y por eso creo en la vida, en la vida que no se acaba y que me plenifica en ti. Creo y espero en ese encuentro, en el que tú serás en mí y yo para siempre en ti. Y porque creo en ti, creo en el hombre, en su grandeza y dignidad, en su capacidad de bien, a pesar de sus sombras, que son también las mías. Creo y espero, por eso amo, pobremente, pero amo, Y busco amar y darme, ofrecer una sonrisa, y un gesto bueno, al hombre y a la vida; una sonrisa profunda que nazca y parta de ti. Por eso, creo, Señor, Creo, amo y espero,  porque te he visto y porque te siento.